"Julio César Rincón * CP. ""No queremos a Burrén, Rubén es panista, no a la imposición de Pablo Salazar"", decían cientos de gargantas entre una multitud de banderas amarillas, rojas y naranjas que ondeaban minutos antes de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a un zócalo capitalino abarrotado por simpatizantes que lucían camisas amarillas.
Así, entre música de Silvio Rodríguez y un orador que comparaba al presidenciable hasta con políticos de la era medieval, fueron haciendo acto de presencia cada uno de los aspirantes a la Gubernatura del Estado, donde también apareció el secretario de Gobierno, Rubén Velásquez, quien decidió llevar de acompanantes a los legisladores locales Rafael Ruiz Guillén y Saraín Osorio Espinosa.
Era algo insólito para el mismo Rubén, jamás había acompanado a Andrés Manuel López Obrador, se le notaba en su fisonomía, en su rostro un gesto de miedo, temor, incertidumbre; incluso dicha actitud era parecida a la del que había encomendado cuidar la política interna del estado por un día, Arturo Luna Lujano, quien se mostraba nervioso desde una de las partes principales de Palacio de Gobierno.
Las rechiflas eran cada vez más intensas, la logística operó de inmediato y se pusieron en marcha varios coros que intentaban opacar la inconformidad en contra del 'delfín' del gobernador; incluso con la instauración de mantas a su favor, que más tarde fueron destruidas por los ahí presentes al impedirles la visibilidad en el acto.
Parecía un día normal en la tercera visita de Andrés Manuel a Chiapas, pero para muchos perredistas como Emilio Zebadúa, Plácido Morales y Rutilio Escandón, sucedía algo fuera de la realidad, la razón se llamaba Rubén Velásquez, un tipo que nunca ha militado en el PRD y del que se desconoce su afinidad partidista.
Por eso los saludos en el templete eran aislados, cada quien con su corriente, las miradas entre uno y otro se daban sin querer, mismas que fueron distraídas a las 5 de la tarde con 20 minutos, cuando entre una valla de aproximadamente 200 metros arribó el que todos esperaban.
?Viva Andrés Manuel!, ? Andrés!, ? Andrés!, ?Andrés!, era la constante, en un rincón de la ciudad donde el calor no era impedimento para que los asistentes elevaran el calor político para quien decían, llevarían a Los Pinos el próximo 2 de julio en las elecciones federales.
Sin escolta del Estado Mayor Presidencial y ante un número minúsculo de tres personajes que cuidaron durante su paso por la valla, el ex jefe de Gobierno con su atuendo muy peculiar subió al estrado a saludar a todos los presentes, entre ellos a un Rubén Velásquez que se alistaba para salir en la foto, aunque el momento no se prestó para más, al ser éste, sin mayor relevancia.
A diferencia de ello, Emilio Zebadúa, Plácido Morales y Rutilio Escandón recibieron un trato deferente donde prevaleció el saludo con sonrisas y abrazos, pues éstos habían estado en varias ocasiones conviviendo con el que representa la coalición ""Por el bien de Todos"".
Fue de esta forma en que el dirigente estatal del PRD en Chiapas, Jorge Luis Escandón Hernández, abrió la bienvenida con un discurso donde ponderó la importancia de su partido y del candidato, que fue secundado por un Andrés Manuel López Obrador, quien volvió a hacer énfasis en la miseria y la pobreza que atraviesa el estado.
En esa serie de declaraciones se habló también de la libertad de expresión y otros temas como la educación y salud para luego marcharse con una despedida simple como muchas otras, sin dirigirse a ninguno de los aspirantes en particular.
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