Para los mexicanos, los adultos mayores son el grupo más discriminado; le siguen los indígenas y las personas con discapacidad. Esta percepción es justificada: nuestra misma sociedad les hace sistemáticamente a un lado.
La indefensión del sector comienza porque sólo uno de cada cuatro adultos mayores en este país tiene pensión; es decir, que para sobrevivir 75% depende de sus ahorros, de la solidaridad de sus familiares o de alguna actividad económica que no les permite gozar del merecido retiro al que cualquier ser humano tiene derecho.
A esto se anade, de acuerdo con el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam), la rapacidad con la que sus descendientes les quitan los pocos bienes que tienen. De cada 10 denuncias presentadas por adultos mayores, tres son en contra de familiares por despojo.
Estamos, sin duda, ante un síntoma más del envilecimiento por el que hoy atraviesa la sociedad mexicana. Cuando los lazos de solidaridad en una comunidad no sirven siquiera para proteger a los padres y los abuelos, es muy probable que ya no sirvan para nada más.
A quienes hoy importa poco este tema, o ellos mismos han sido actores del despojo, habría que recordarles no sólo que un día ellos mismos estarán en un contexto de indefensión, sino también que dentro de dos décadas este país estará poblado por cerca de 22 millones de adultos mayores. Será el sector de la población que más crezca en los próximos 50 anos. zQué futuro nos espera si la actitud en torno a ellos permanece como hasta ahora?
Si algún día el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) regresa a la vida y decide luchar de nuevo en contra de estos actos violatorios de derechos, tendrían que ser los adultos mayores los primeros en ser protegidos. (El Universal)











