Acoso docente es difícil de erradicar

Acoso docente es difícil de erradicar

En la última década siguen existiendo muchas prácticas de violencia, como en el ámbito escolar, en modo de acoso, hostigamiento o agresión física, principalmente contra las mujeres estudiantes, porque la relación docente-estudiante siempre será jerárquica, es decir, siempre se va ubicar a ellas en una posición de subalternidad.

Lo anterior fue manifestado por María Teresa Garzón Martínez, investigadora del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (Cesmeca) de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach).

Sin embargo, consideró que al mismo tiempo las nuevas generaciones de niñas y jóvenes ya vienen con una educación política, la cual se puede denominar feminista, y que las ayuda a organizarse para denunciar.

En el término judicial es bastante complejo porque el Estado en sí mismo es patriarcal; aunque existen muchas políticas públicas desde los años 80, gestadas por el movimiento de mujeres, casi no operan porque no existen las condiciones económicas y operadores que las lleven a la práctica.

Justicia feminista

Con base en dicho panorama se ha construido una justicia feminista que no pasa por el Estado, sino por la denuncia pública y por la vergüenza; un ejemplo claro fueron los llamados tendederos del acoso, una propuesta artística útil para evidenciar situaciones de acoso docente.

La investigadora consideró que hay dos panoramas: el estatal, con la invitación que hizo recientemente el Senado de la República a los 32 Congresos estatales para revisar sus leyes y homologarlas en materia de acoso docente, con la finalidad de erradicar este tipo de violencia; por otro lado, lo que se vive cotidianamente y lo que es producto de la organización de las mujeres.

Casos

Mencionó que en el ámbito universitario, por ejemplo, desde hace 11-12 años se presentan denuncias sociales y judiciales contra profesores que hostigan sexualmente a estudiantes para ponerles mejores notas (en su mayoría de un hombre a una mujer), aunque también se han evidenciado casos de hombres.

Esto ha producido una conciencia social universitaria que ha resultado en unidades de género y de atención a la violencia con protocolos determinados, ya que antes no sabían cómo actuar, determinar la responsabilidad y cómo sancionar; pero hay que decir que no cuentan con presupuesto para operar, suficiente personal y los asuntos quedan muy neutrales.