La combustión, el ganado y la motosierra, argumentó la investigadora titular del Departamento de Conservación de la Biodiversidad, Andrea Sáenz-Arroyo, son las actividades económicas que crecen de manera exponencial y lineal; de no pararse, las actividades primarias serán las que presentarán los retos más abruptos hasta llegar a un punto de no retorno.
Centrada en la pesca, la bióloga marina explicó que estas actividades aumentan el dióxido de carbono en los mares, lo que no sólo provoca un aumento de la temperatura, también elimina el carbonato de calcio del océano y erradica a los grandes vertebrados y animales de pesca.
“No estamos listos para adaptarnos a los efectos en cadena que propicia esta pérdida”, dijo la investigadora del Ecosur en la conferencia virtual “Retos y oportunidades para la gobernanza global ante el cambio climático” para el Colegio Nacional.
Acotó que “no nos estamos integrando adecuadamente a los procesos de la tierra, al contrario, estamos a contracorriente”. Y argumentó que lo mismo ocurre en bosques y pozos de agua, pues todos los recursos de uso común tienden a desaparecer porque la gente busca los beneficios personales y sin estímulos para la conservación.
El reto, sostuvo, no sólo está en cambiar algunos hábitos, como usar menos el coche, menos luz en la casa o las acciones de conservación en empresas, también está en virar a la organización comunal con arreglos institucionales para el manejo de recursos.
Ejemplificó con un caso sobre cómo los bosques comunitarios de Chiapas o las cooperativas pesqueras de la región se organizan de tal forma en que se optimice el beneficio de todos, sin que desaparezca el recurso natural.
Al respecto, propuso crear reglas, como fronteras definidas para asegurarse que, tanto comunidad como autoridad, van a seguir las reglas con un sistema local de vigilancia y proveer mecanismos económicos para resolver los conflictos con sistemas bien organizados.
La especialista explicó que la tierra provee beneficios a la sociedad, regulando los desperdicios de los seres humanos, manteniendo el ciclo del agua o protección a regiones costeras, entre otras actividades, que dijo, están valuadas en 125 trillones de dólares, triplicando en valor total la riqueza mundial de 75 trillones de dólares y “con la pérdida de los ecosistemas se encarece”.
“La economía que nos provee la naturaleza es todavía más grande que lo que hacen las actividades humanas. Dependemos de una economía que no está basada en los servicios y la cual adquirimos de forma gratuita”, finalizó.











