Las mujeres que permanecen en reclusión presentan diferentes necesidades en artículos personales, por ello la Fundación Unidas por la Sangre hace un llamado a la población para que tienda la mano a esta población.
Las mujeres que esta fundación visita y están privadas de su libertad, en su mayoría cometieron delitos como trata de personas, robo y homicidio, así lo dio a conocer Jacivi Gómez, presidenta de la Fundación Unidas por la Sangre.
Recordó que hacen la labor de acompañar a mujeres mientras están privadas de su libertad, pues a algunas de ellas las buscan al salir de prisión.
Aunque planteó una difícil realidad, es que “es muy complicado ayudarlas a encontrar un espacio ya sea para vivir o trabajar, situación que las autoridades deberían de garantizar, sin embargo, son pocos los casos de mujeres que reciben el apoyo familiar y logran emprender un negocio”.
“Esa es otra situación que se sufre ahí porque la mayoría de ellas no están todavía sentenciadas, entonces la espera es bastante tediosa; sobre el tiempo ahí adentro, sabemos que ellas están pagando esa factura, pero tampoco se vale”, expresó.
Desafíos tras libertad
También puntualizó que estas mujeres al concluir su condena, que puede ser por varios años, al obtener su libertad no logran incorporarse a la sociedad, debido a que son señaladas en sus comunidades o en los espacios donde se desempeñaban laboralmente, y algunas no cuentan con un lugar a dónde vivir al salir de prisión, volviendo a delinquir.
Esta fundación sin fines de lucro realiza visitas a cuatro centros de reinserción social en Chiapas, en Tapachula, Tonalá, Cintalapa y San Cristóbal de Las Casas; tan solo en el Penal número 14, El Amate, son más de 200 mujeres las que atienden.
“Es una ardua labor y todo esfuerzo resulta insuficiente, pues estas mujeres prácticamente son invisibles para la sociedad, y no se trata de condenarlas, de estigmatizarlas, se trata de que se reincorporen a la sociedad”, expresó.












