"Sarelly Martínez * CP. Mi abuelo decía siempre que no se debía creer a los periodistas, aunque él se la pasara tarde a tarde escuchando Patrullero 9.20, un noticiario de policía, salpicado de notas políticas y deportivas.
Mira hijo, me repetía, nunca creas lo que dicen los periodistas porque siempre andan escribiendo novelas con los pocos retazos de vida que encuentran en los basureros. Todo lo cambian, lo inventan todo, por el solo hecho de querer hacerse populares.
Le preguntaba, entonces, porqué él se prendía a la radio, y hacía callar con su voz de sus 67 anos a la enorme fila de nietos que lo visitaban el fin de semana.
""Es sólo para seguir la novela y olvidarme un poco de los problemas de la casa y del pueblo. Pero de ahí no me trago nada: ni de los muertos ni de los heridos, ni que el gobernante sea un santo o que otro, caído en desgracia, haya sido siempre un ladrón.""
Eso sí, me decía en tono confidencial, que el único a quien creía era a Isidro Aguilar López, el Patrullero 9.20.
Y una tarde, en que estábamos sus nietos alineados tomando café con galleta de animalitos, escuchamos un trote de caballos, gritos y la voz de su vecino llamándolo apurado porque habían matado a punaladas a un ladrillero, de nombre Camerino, que sólo descansaba para tomar caguamas los domingos.
Mi abuelo tomó su tejano y se calzó unas botas puntiagudas para ver de cerca la cara ensangrentada de Camerino, a quien conocía desde pequeno, porque era hijo de su compadre Santa Ana Nangüelú.
Nos quedamos esperando la llegada del abuelo, porque todos fuimos acuartelados para que no viéramos al muerto y así pudiéramos dormir tranquilos. De todos modos fue una noche de zozobra y visiones de hombres mutilados, descabezados, sin dedos ni piernas... o con piernas pero ensangrentados.
No volví a ver a mi abuelo sino hasta el siguiente fin de semana: lo encontré leyendo las notas rojas de FAR, en el Es! Diario Popular, y con el radio encendido, pero no sintonizando la estación de Patrullero 9.20, sino en la Mexicana, donde escuchaba corridos de la revolución...
Vio mi cara de pregunta, porque bien sabía yo que él prefería otra clase de programas:
""Hijo: he descubierto que los periodistas, no sólo son unos novelistas, unos grandes mentirosos... Yo que pude palpar al difundo Camerino, que lo bané y lo limpié cada una de sus heridas, habla Chilo y dice que Camerino murió de un resfriado en su cama... Por eso ahora prefiero escuchar la música ranchera, que tiene algo más de verdad que todos los noticieros de la radio.""
Desde entonces cambió sus gustos en la radio, pero ya a punto de morir a sus 86 anos, y cuando compartía su lecho con una mujer treintanera, tuvo como última voluntad escuchar al Patrullero 9.20. Buscó por todos los cuadrantes, pero ya la voz del gran Chilo había desaparecido.
Me acuerdo ahora de mi abuelo y de su noticiario preferido, porque no hay en la radio ningún espacio de policía y que una voz grite por los cuadrantes su: ""Caros y gentiles oyentes"", como iniciaba Isidro Aguilar López, su Patrullero 9.20. Y porque esa voz acaba de marcharse definitivamente.
Isidro Aguilar López emprendió ayer su reporteada en los cielos. Desde allá armará su Patrullero 9.20, desde allá dirá su saludo eterno: ""Caros y gentiles amigos radioyentes, tengan todos y cada uno de ustedes las informaciones de última hora de lo acontecido en Chiapas, México y más allá de sus fronteras.""
El creador de Patrullero 9.20 no sólo fue periodista, también se dedicó al boxeo; su nombre de combate fue Bay Aguilar. Después lo cambió por Kid Marrito. Pero ninguno de esos nombres lo harían tan famoso como su Patrullero 9.20.
En los sesenta y los setenta, tanto en la XEON como en la VV, don Chilo se hizo de una audiencia fiel y enorme. Su voz llegaba a todos lados. Durante 37 anos, dirigió Patrullero 9.20, donde tenía como producto básico la nota roja, pero también proporcionaba información política y hasta deportiva. Isidro Aguilar López no fue un improvisado. Se dedicó con entereza al periodismo y tuvo oportunidad de estudiar en la Escuela de Periodismo ""Carlos Septién García"". Escribió para varios periódicos pero en los que más anos estuvo fue en La Voz del Sureste, El Sol del Soconusco, Es! Diario Popular y Diario del Sur. Su enfermedad lo retiró poco a poco de la actividad informativa La última vez que lo vi, fue en su casa de la Calle El Pensil, estaba en silla de ruedas. Su fortaleza de boxeador había disminuido pero todavía le quedaba buen ánimo para seguir reporteando el boxeo de la vida. Isidro Aguilar López sufrió lo que casi todos los periodistas sufren alguna vez en la vida: la agresión.
En el gobierno de Efraín Aranda Osorio fue encarcelado. Su delito: haber escrito sobre un asesinato cometido en Huixtla.
En 1964, fue agredido por el agente de la Procuraduría General de la República en Chiapas. El motivo: una leve crítica en su noticiario policíaco.
Isidro Aguilar López, el maestro de la radio. El conformador más importante de opinión pública de los setenta, se marchó ayer con la dignidad de los viejos y buenos periodistas. Para él este recuerdo, el de mi abuelo y el mío.
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