A partir de la tercera edad o la edad adulta, después de los 60 años incrementa la posibilidad de presentar ciertos padecimientos y problemas de salud física y mental, por lo que es importante que se cuente con la asesoría de un gerontólogo para realizar una valoración geronto-geriátrica y así prevenir complicaciones.
La gerontóloga Virley Yaneth Velasco López dijo que la función del gerontólogo es prevenir enfermedades concomitantes, por ejemplo, las demencias, la depresión, también las caídas, la alimentación, o bien, si ya se padece alguna enfermedad crónico-degenerativa, como la diabetes o hipertensión, ayudando a controlarla.
Destacó que una de las funciones del gerontólogo es también capacitar a los cuidadores del adulto mayor, lo que previene el llamado síndrome del cuidado, el cual refiere a que la persona a cargo sufre el desgaste físico, psicológico y de su salud en general en el cuidado constante y continuo del enfermo.
Cuando no hay asesoría de parte de un profesional, unas de las consecuencias que se dan es desconocer las enfermedades fatales para el adulto mayor, por lo que caen en el descuido por la falta de experiencia, cayendo en complicaciones, sobre todo si están en cama y dependen totalmente de otra persona.
“En general, la función del gerontólogo es tratar de que el adulto mayor sea lo más funcional posible, lo más independiente para que pueda realizar todavía sus actividades; cuidar su salud mental, física, ayudarlo para que esté saludable”, manifestó la especialista.
Es importante que un gerontólogo tenga la suficiente preparación y experiencia para atender a un adulto mayor de forma integral; sumado a esto, es fundamental que en lo personal tenga empatía con sus pacientes, considerando la situación en que se encuentren.
En muchos casos la familia del adulto mayor no busca la atención de un gerontólogo para lidiar con un padecimiento, sino para escucharlos, para ayudarlos en sus actividades, para darles una rutina diaria; por eso los profesionales de esta área deben tener empatía por ellos.
En nuestro país fue hasta los años 70 que la gerontología cobró verdadera importancia, lo que se tradujo en la creación de diferentes instituciones interesadas en el bienestar de las personas adultas mayores como: la Sociedad de Geriatría y Gerontología de México, el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (Inapam) y la Asociación Mexicana de Gerontología y Geriatría.












