Adviento, magia de llegada de Cristo

Adviento, magia de llegada de Cristo

“El Adviento es la magia y emoción de que Cristo pronto llegará, y así como dice ‘el principito’, si me dices que llegarás a las 5:00, desde las 4:00 mi corazón estará latiendo de emoción; así también pronto llegará ese 24 de diciembre, pero ya nuestro corazón late con emoción”, reflexionó el presbítero Hedilberto Pérez Vicente sobre el santo evangelio según san Marcos, capítulo 1, versículos 1-8, correspondiente al segundo domingo del tiempo litúrgico de Adviento.

De acuerdo con la anterior cita bíblica, el sacerdote agregó: “Este segundo domingo de Adviento es un domingo del consuelo de Dios por su presencia en medio de su pueblo y porque él ha prometido guiarlo como un pastor a su rebaño, así que el pueblo siente este privilegio e infunde esta esperanza para que siga caminando; en la segunda lectura, san Pedro anima a los cristianos para que entren en ese proceso de conversión y esperar así la segunda venida del salvador, de Jesús”.

Y añade: “Por eso, estimados hermanos, este segundo domingo de Adviento lo vivamos en el espíritu al estilo de Juan el Bautista, ¿de qué manera? Abriendo nuestro corazón a su palabra, a su evangelio que se encarna en Jesús, palabra de Dios. También entremos en la experiencia del desierto”.

Del mismo modo, Pérez Vicente siguió compartiendo: “Juan se fue al desierto, lugar de encuentro con el Señor, lugar de oración, lugar de penitencia y también de ayuno; es decir, para fortalecer el espíritu, y también, estimados hermanos, viviendo nuestro propio éxodo”.

Mensaje

Hacia una hermenéutica del nuevo renacer, acotó que “así como el pueblo que sale caminando y pasa por el desierto durante 40 años, se quedan allí los viejos, y la nueva generación nace para fundar un nuevo pueblo en la tierra prometida, por eso este domingo, estimados hermanos, abramos nuestro corazón para recibir la gracia de Dios”. 

“¿Cuáles son nuestros compromisos? Emprendamos ese camino, así como el pueblo de Israel hasta la tierra prometida, nosotros como Iglesia iniciemos un proceso de conversión para vivir ese encuentro con Jesús niño, y después la vida eterna con la gloria del Señor. Seamos hoy, nuevos Juanes Bautistas, seamos nuevos Isaías, como el profeta, porque de esa manera vamos a consolar a nuestro pueblo, vamos a animarlo, pero también vamos a infundirle esperanza, pues el verdadero profeta es aquel que infunde esperanza en sus hermanos, en su pueblo. Y un tercer compromiso, llenémoslos de la gracia de Dios, sobre todo, viviendo nuestra eucaristía, que todos vayamos a misa, que todos vayamos al encuentro del Señor y tengamos ese corazón dispuesto para amar más al Señor”.