Agenda de EU. Objetivo: México

Susana Chacón * El Universal. Después de los últimos sucesos entre México y EU, es claro que en ambos gobiernos hay descoordinación de agencias y de políticas. Ambos tienen crisis inter-burocráticas: Son celosos de la información y del poder que mantienen. En los dos existe corrupción e intereses económicos específicos. No obstante, EU prosigue con el cumplimiento de su interés nacional. Para ellos, México es un tema más en su agenda Exterior.

¿Cuál es el camino a seguir? Rescato los temas planteados al presidente Obama en 2008, con miras a dibujar su estrategia con México. Aunque la formulación de la política exterior de un país no cambia al término de los gobiernos, continúa con matices y nuevas propuestas. En especial cuando nos encontramos con una relación de dos países fronterizos como los nuestros. Compartimos más que una frontera, por lo que en las dos naciones hay agencias a nivel federal, estatal y local para administrar y resolver lo cotidiano.

La de Obama, era una administración distinta a las dos anteriores. Se propuso comenzar con una coordinación y consulta constante entre los funcionarios de ambas naciones. Sobre todo porque los aspectos en su relación con México tienen matices internos y, a su vez, de política exterior. Además, todas las secretarías y agencias estadounidenses desarrollaban ya, vínculos con nuestras secretarías por una parte y con la frontera México-EU por la otra. Al ser una relación de múltiples niveles, había que ser preciso en el objetivo prioritario. En el diagnóstico del 2008 la mayor preocupación para EU era la inestabilidad y la creciente violencia en nuestro país, en particular en los estados fronterizos. La nueva administración centró aquí su interés nacional y el eje de acción:

Durante las últimas tres décadas, al ser la puerta principal de cocaína a su territorio y el mayor surtidor de marihuana, metanfetaminas y heroína, México con sus cárteles, satisfacían la demanda de drogas a la sociedad estadounidense. A cambio, estos grupos recibían ganancias entre 15 y 25 billones de dólares por año, mismos que les permitían incrementar su compra de armas para no perder el poder en sus territorios. Por muchos años, y con gobiernos centralizados, los cárteles no sólo tenían apoyo federal y local sino que recibían su protección. En 2006, el gobierno mexicano comienza a atacar esta dinámica pero se pierde el control sobre los cárteles. Los objetivos planteados no fueron estratégicos.

¿Qué hacer entonces para responder al interés estadounidense de estabilidad en su frontera sur? Obama apoyó las 4 propuestas iniciadas con la Iniciativa Mérida: Diseñar políticas de reducción en la demanda norteamericana de drogas; Cooperar en la reforma del sistema y de las instituciones de justicia en México; Cooperar para contener la violencia y limitar los alcances del crimen organizado; y, Ayudar a comprometer a la sociedad para construir una comunidad de resistencia. Desde el comienzo de esta administración, el gobierno de EU dirigió sus objetivos a los tres últimos puntos. La demanda, básicamente no ha cambiado.

En 2008, se subrayó en diversos ámbitos mexicanos que era el momento de replantear la dirección de nuestra política. Era necesario enfatizar nuestros intereses con el fin de responder a las prioridades mexicanas. Esto no se hizo. Se escogió un solo aspecto: Seguridad. Así, se comenzó la militarización de la relación bilateral. Nunca se pensó ni geoestratégica ni geopolíticamente.

El resto de los temas, energéticos, laborales, regionales, migratorios, diplomáticos, económicos, entre otros, sin dejar de manejarse, pasaron a un segundo plano o en su caso, se desdibujaron. Sin propuesta específica se siguieron los planteamientos del norte aunque se trató de participar, en términos de cooperación y coordinación. Como se vio en estos días, la construcción de confianza entre las administraciones y sus representantes, fracasó.

Hoy el momento es otro. Al gobierno mexicano le queda menos de dos años de administración para hacer replanteamientos. La falta de consenso interno en cuanto a una línea de política exterior, la falta de participación de otros actores locales, nacionales, públicos y privados, impide la refundación inmediata de una estrategia mexicana. Sobre todo cuando EU percibe una enorme fragilidad del régimen, así como la carencia de consensos internos nacionales.

De haber una reelección en EU en 2012, las políticas no solo se continuarán sino se profundizarán en el logro de su interés. En el caso contrario, si hay un cambio de presidente, se harán matices al mismo objetivo. Ambos escenarios apoyarán al candidato mexicanos que garantice estabilidad económica, política y social. Sólo si hay un cambio de gobierno, tendremos una pequeña ventana para reformular nuestra política bilateral. Sin confrontarnos pero, favoreciendo nuestro interés y nuestra presencia internacional. ¡Qué falta hace ampliar nuestra agenda externa!



*Secretaria general de la Sección Mexicana del Club de Roma