Agonía en el sistema de correos

"El Servicio Postal Mexicano (Sepomex), que nunca ha sido moderno ni mucho menos, ve llegar sus últimos días frente a la velocidad relampagueante de internet, la telefonía, el fax, el correo electrónico y las glamorosas empresas de paquetería y mensajería que de la noche a la manana colocan sus envíos en cualquier parte del mundo en sus propias flotas aéreas y camionetas de última generación. Los tiempos en que era una aventura enviar una carta, han sido rebasados por servicios que permiten saber, vía internet, en cualquier momento por dónde va el paquete. Literalmente seguimos paso a paso el curso de lo que mandamos y de lo que viene hacia nosotros. Entre tanto, nuestro Servicio Postal Mexicano languidece tras las ventanillas pueblerinas, en medio de timbres, pedazos de papel y tarros de pegamento, bicicletas viejas y camiones descompuestos. Ahora, Banamex y Teléfonos de México, los dos principales clientes del correo, que juntos aportan casi 700 millones de pesos de los 2 mil 500 millones de ingresos anuales, es decir, casi la tercera parte, van a prescindir de sus servicios, como antes lo hicieron Bancomer y Bital, ahora HSBC.

A pesar de esa declinación, la nómina de Correos subió en los últimos 2 anos de 19 mil 547 a 19 mil 867 empleados. zPor qué se han ido los grandes clientes? Porque están urgidos de la entrega oportuna y eficiente de su correspondencia, generalmente cuentas de cobro y promoción de servicios, algo que Sepomex no puede garantizar con su baja productividad, insuficiencia de equipos, retrasos constantes y altos costos de mantenimiento.

El director de Sepomex, Gonzalo Alarcón Osorio, estima que se requiere una inversión de 1,402 millones de pesos para los próximos cinco anos, pues de lo contrario no se podrá crecer al ritmo de la demanda y ni siquiera dar un servicio eficiente. Lamentablemente el servicio se vino abajo por las tarifas subsidiadas durante mucho tiempo, la falta de modernización sostenida, el exceso de franquicias a gobiernos, congresos, publicaciones, entidades diversas, la pérdida de confiabilidad no sólo en cuestiones de rapidez, sino de honestidad. Hay empresas extranjeras que no hacen ventas a México por el correo oficial por desconfianza, y así lo explican a los clientes. También faltó una mística del estilo de ""ni la nieve, ni la lluvia impedirán que el correo llegue a su destino"".

Y, finalmente, el destino nos alcanzó en la forma de imaginativas companías decididas a dar el servicio de entregas a domicilio más moderno y rápido posible, aprovechando al máximo los avances de la ciencia y de la tecnología y, por supuesto, con tarifas a la altura del servicio garantizado y con buenas utilidades anuales para los accionistas. Una de las opciones para el futuro del servicio mexicano de correos es adaptarlo a las vastas áreas geográficas, sobre todo rurales, que todavía no pueden ser cubiertas por las empresas particulares, y que deben contar con la seguridad de una comunicación imposible de otra manera. Es decir, hay que ajustar el servicio a las atenciones marginales. La opción más ambiciosa sería replantear todo el servicio, aprovechar la experiencia de las grandes empresas privadas de mensajería y paquetería, invertir lo necesario, cancelar las franquicias, reformular las tarifas y afinar el mecanismo operativo de tal modo que a las ventajas de la técnica se anada el ánimo de los convencidos de que el servicio de correos en México nos comunica, nos mantiene vinculados y nos integra.

Recordemos que de la eficiencia del sistema de correos dependen negocios y acuerdos que nutren la economía y reactivan la vida intelectual, social y política de toda la nación. Evitemos su agonía. (El Universal).

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