Agua y basura del gran DF

La zona metropolitana del Distrito Federal, que congrega a la quinta parte de la población del país, tiene una amenaza tan grave como la delincuencia aunque menos estridente: el agua. Por un lado, la carencia de agua potable, y por el otro, el riesgo de las inundaciones. Si a eso sumamos el reto de disponer de toneladas de basura diariamente, tenemos una situación de alerta que requiere una visión de largo plazo por encima de intereses partidistas.

Para una zona metropolitana calculada en 20 millones de habitantes, atender el tema de los servicios requiere la coordinación de las autoridades perredistas de la ciudad, las priístas del estado de México y las federales, que son panistas. Concertar voluntades urge para anteponer intereses de los ciudadanos a juegos políticos.

A poco más de medio ano del cambio de los gobiernos de la República y de la capital, la articulación de acciones no parece darse con la prisa que la complejidad urbana demanda.

Trepar el agua a la gran ciudad edificada a 2 mil 400 metros de altitud es técnicamente posible, pero escandalosamente caro. Hasta el Cofre de Perote, a 250 kilómetros de distancia, es reserva acuífera del Distrito Federal, no de Veracruz y Puebla, como sería razonable.

Hace un ano, en las campanas por la jefatura de Gobierno del DF, se recordaba que 40% del agua que con tanto esfuerzo llega a la ciudad se pierde por las fugas de una red de distribución anosa y tendida en buena parte en terreno inestable.

En sentido inverso, la falta de mantenimiento del drenaje profundo desde 1992, ahora muy azolvado, puede derivar en una inundación como no se ha visto en 400 anos, según los expertos.

El presidente Felipe Calderón recogió esta preocupación ayer al entregar la obra de entubamiento del Gran Canal de Desagüe y anunciar un plan de saneamiento, drenaje y potabilización que mejore la disponibilidad y calidad del agua.

En cuanto a la basura, el Bordo Poniente contiene 60 millones de toneladas de basura, y recibe 12 mil más cada día. La cultura del desperdicio es muy costosa para la administración pública. Cuando ningún envase es retornable y los productos tienen menos volumen que los empaques, la economía se distorsiona y los espacios para los tiraderos se acaban.

Estados vecinos, como el de México, se resisten a ser el bote de basura del DF y a colaborar con los adversarios políticos. No es sólo un asunto de políticos que se pelean; los ciudadanos que más basura crean y más agua consumen deben estar conscientes del problema, pagar por el valioso líquido a tasas competitivas y tratar de disminuir la cantidad de desperdicios que provocan antes de que ya no haya sitio para los desechos.

La vida en una gran ciudad como el Distrito Federal es muy grata a condición de que los servicios esenciales operen eficientemente. Ya resentimos las fallas de seguridad, los tropiezos del tránsito y la insuficiencia e incomodidad del transporte público en algunas ocasiones; si anadimos a eso la escasez de agua, inundaciones y montones de basura, el entorno puede llegar a degradarse hasta el punto de hacerse insoportable. La responsabilidad sería de todos. (El Universal)