Ahora sí va en serio

"Se ha firmado un pacto más. Que en el Acuerdo Nacional para la Seguridad, la Justicia y la Legalidad se hayan contemplado 75 puntos, revela que no hay prioridad alguna y que el problema es más grave de lo que nos imaginamos. Había que preparar una respuesta amplia para abarcar la indignación social ante el secuestro de Fernando Martí, y los involucrados decidieron, por fin, determinar qué se podía mejorar y en qué lapsos.

La exigencia de respuestas al clamor por más seguridad hizo que los redactores de los puntos del acuerdo fueran más allá de lo factible. Propusieron puntos difíciles de medir y lapsos imposibles, y nada pasará si no se cumplen. A ello apuestan. Es la vieja trampa de la ley que se elabora, se vota, se promulga y nada pasa si no se cumple, porque habrá alguien que se haga de la vista gorda y la desmemoria que tanto ha abonado al deterioro social e institucional.

Algunos puntos se pueden medir y comprobar su cumplimiento, como la expedición de una cédula de identidad con tiempo de ejecución de tres anos, o la ampliación de la red de Centros de Atención Primaria Nueva Vida. Pero la cosa se complica cuando se habla de instalar nuevos juzgados y tribunales federales en 14 meses.

En los otros puntos se utilizan palabras como intensificar, propiciar, favorecer, promover, ampliar, desarrollar, adecuar, incrementar, depurar, fortalecer, apoyar o fomentar. Palabras imprecisas, lo que dificulta poder comprobar su cumplimiento en el tiempo.

El punto XXVI dice: ""La SSP se compromete a promover la creación de un Observatorio Ciudadano plural, representativo de los sectores sociales y que incluya a estudiosos del tema de seguridad y justicia para que cuente con reconocimiento y liderazgo social"". El plazo para cumplir este punto es de tres meses, lo que implica que el compromiso termina en la promoción que durará tres meses. Lo complicado vendrá después, cuando aquellos que consideran tener liderazgo social empiecen a luchar por las posiciones, y si es que lo hay, por una tajada del presupuesto.

El juego de palabras podría ser trivial si no entranara una perversión de quienes redactaron el acuerdo. No fue casual. Sabían que había que hacer cosas, pero ante la falta de un diagnóstico fiel sobre el cual trabajar, cuando el asunto de la inseguridad estalló, redactaron, sobre las rodillas, un documento que pretendía abarcarlo todo. Debía parecer serio y por ello pusieron plazos, muchos de ellos tan arbitrarios como imprecisos los puntos que acotan. Otra vez apostaron a dormirnos con el cuento de que ahora sí va en serio.

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