"Agentes de la Policía Nacional española y municipal de Madrid desalojaron a manifestantes contrarios al apoyo institucional a la visita del Papa Benedicto XVI, para lo cual establecieron un cerco en todas las calles aledañas a la emblemática Puerta del Sol. El plantón en la capital española generó momentos de tensión, al encontrarse con peregrinos de la Jornada Mundial de la Juventud, con quienes intercambiaron increpaciones.
La movilización bajo el lema ""De mis impuestos, al Papa cero. Por un Estado laico"" congregó a al menos cinco mil personas, según la policía.
Como se sabe, España vive momentos críticos en cuanto a su economía. Un índice de desempleo de los más altos desde que se consolidara la democracia, versiones de riesgo de colapso que casi auguran que este país será el siguiente en la lista de los rescatados, han casi marcado el destino del Partido Socialista Obrero Español a ser relevado por el Partido Popular en las ya próximas elecciones.
En este contexto, pero también en el de los ""indignados"", un movimiento cien por ciento social y juvenil que protesta por miles en las calles y plazas en contra de la preeminencia del mercado y del capitalismo salvaje sobre los supuestos postulados de la política, es que se dan las recientes manifestaciones contra el papel institucional en la visita del representante de El Vaticano. Es decir, no están protestando por la visita sino por los gastos que representaría dicho evento.
En ese entendido habría que comprender el estado de ánimo de numerosa población, sobre todo de jóvenes que no han visto una mejoría en su situación personal en lo laboral y económico, que observan en ese evento una erogación con la que evidentemente no están de acuerdo.
Es decir, si la gente de ese país considera que su base productiva no ha generado los recursos necesarios para determinado evento, es lógico que muestren su inconformidad con lo que consideran un gasto que implica deuda y que tarde o temprano pagarán.
Si no hay dinero, no se debe estar gastando lo que no se tiene, resume el mensaje de esas juventudes, las que, se rietera, no están en contra del Santo Padre, sino de lo que consideran papel inoportuno institucional en momentos de estrechez financiera que pega por todas partes del mundo.
Lo más que podría criticárseles es que no destacan como buenos anfitriones, ya que los manifestantes se quejan de que la visita costará unos 100 millones de euros (144 millones de dólares) que suponen, al menos en parte, provienen de los impuestos que pagan.
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