Don Isidro Hernández relata con una sonrisa en el rostro que lo primordial es la misa, y esto consiste en levantarse desde temprano para ir a las 7:00 de la mañana a la iglesia de la Santa Cruz a bendecir las cruces, las cuales serán llevadas a la obra. Posteriormente, “se queman triques, se trabaja un poco para agarrar el hambre y se comienza a celebrar”.
“Yo soy maestro”, dice con seguridad, “pero maestro albañil”, aclara entre chascarrillos. Con 46 años de edad, 26 los ha dedicado al oficio de la albañilería. Para mañana (hoy martes) los patrones, dice, los hay de todas formas, están los que piden que se ponga la cruz y no llegan, los que dan mucho pero no se quedan y los que él prefiere, es decir, los que se quedan a convivir.
Fray Diego de Landa, el “Misionero de la Cruz” y cronista que mandó a quemar los textos sagrados mayas y que tras un profundo arrepentimiento se dedicó a rescatar la cosmogonía y formas de vida de los nativos mesoamericanos, refiere que uno de los oficios mejor pagados y más valorados era el de los constructores, esto debido a que los españoles quedaron maravillados ante los vestigios piramidales de sus antepasados.
Actualmente, continúa siendo un trabajo bien remunerado, pero de acuerdo con don Isidro, “es pesado estar bajo el sol, cimbrar y hacer colados, ya que muchos no los valoran, lo consideran como un trabajo cochino”.
Comparte que en todo este tiempo sólo ha sufrido un accidente, siendo este cuando cayó de una escalera a una altura de seis metros sobre concreto. “Al momento quedé inconsciente, cuando desperté ya estaba en la Cruz Roja, pero gracias a Dios aquí seguimos y el sabe por qué”, enfatiza.
En la iglesia (parroquia) de la Santa Cruz, en la delegación de Copoya, la verbena ha sido larga, pues desde el 25 de abril hasta el día de hoy grupos musicales amenizan las noches después de las misas de las 7:00 p. m., con la venta de antojitos, comida tradicional, una pequeña feria para los niños y el acostumbrado palenque de gallos.
Según la antropóloga mexicana Marta Turok, esta es la cuarta fiesta más celebrada de todo el calendario, después de las fiestas a la Virgen de Guadalupe, Semana Santa y el carnaval.
De acuerdo con el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), esta celebración es un sincretismo de las culturas españolas y originarias, que coincide con el inicio de las lluvias, acorde con las actividades agrícolas del año.
Para el maestro lo importante es la convivencia de este día, ya “que nos llevamos bien todos, aunque todo depende de lo que va traer el patrón”.
Don Isidro dice que a su edad la chamba “comienza a ser más dura que de costumbre”, ya lo resiente, “pero Dios me da la oportunidad de ver mis trabajos y ahí vamos, saliendo adelante, este oficio es nuestra carta de presentación, es el trabajo, y siempre tratamos de que quede bien todo, de eso se trata”.












