"En una medida más digna del circo que de un Poder Legislativo, la bancada del Frente Amplio Progresista optó por desconocer prácticamente la vigencia de la institución de la que sus miembros cobran salario y, al tiempo de argumentar su rechazo a la propuesta de reforma energética enviada por el Ejecutivo, decidió censurar la libertad de expresión de quienes no están de acuerdo con ellos.
Las bancadas de la coalición de izquierda, o al menos parte de ellas, decidieron ""ocupar"" las tribunas de las Cámaras de Senadores y de Diputados para expresar su oposición a la iniciativa enviada por el presidente Calderón.
Lo que no es seguro si es una medida para efectivamente auspiciar un debate nacional, al que ya convocaba la coordinación del Senado como un todo a través de una serie de foros, o una simple fórmula para tratar de unificar al dividido partido que encabeza la coalición a costa del resto del país.
Lo que no pueden hacer, por respeto al resto de los mexicanos, es ""clausurar"" la tribuna del Congreso. Todos los mexicanos son propietarios de esa tribuna: de derecha, izquierda o centro. Todas las opiniones deben ser escuchadas, sin exclusiones. El albazo del Partido de la Revolución Democrática a través del FAP es incorrecto y una forma de censura opuesta a sus propios argumentos.
Es importante que haya debate, pero no bajo las condiciones de un partido o de un grupo armado o bajo la amenaza de una advertencia que más o menos dice ""conmigo o contra mí"".
Es necesario que olviden lemas y cánticos fáciles y desde esa tribuna presenten argumentos. Que aquello que se asume por izquierda en México explique por qué se opone a la iniciativa energética, que participe en un debate importante para la nación y no se haga a un lado el cumplimiento de una postura cuasirreligiosa.
El debate debe proceder. El PRD, el poder real del FAP, no puede resolver su crisis interna a costa del país o desconocer instancias electas a voluntad. Al margen de cuál sea la decisión, a favor o en contra de la propuesta de reforma, no es con esas tácticas como van a ayudar a la vida democrática del país, sino más bien a confirmar la idea de quienes les atribuyen tendencias estalinistas.
El PRD debe abandonar esas tácticas y empenarse en la realización del debate para que haya una franca exposición de puntos y argumentos, que las partes discutan frente a la nación sus razones y las ventajas o las desventajas de la reforma.
Si México ha de pasar alguna vez a la madurez es importante que las partes en debate aprendan a escuchar a otras voces y no se queden sólo en la descalificación de la díada maniquea: si no piensan como yo, no son patriotas o son corruptos.
La izquierda histórica combatió por décadas por la libertad de expresión y el derecho a debatir. Es el momento que quienes dicen ser sus herederos se hagan oír, pero no que traten de establecer un monólogo para sus partidarios.
Los mexicanos no necesitamos mayor encono entre nosotros, ni tampoco ""tutores"" que nos digan qué hacer. (El Universal)
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