Alcoholismo juvenil

"La participación de las mujeres en el próximo Congreso de la Unión apenas aumentará en Mientras las autoridades y la sociedad en general se concentran en el creciente problema del narcotráfico y la violencia que provoca, el alcoholismo avanza incontenible y hace presa suya a nuestros jóvenes y a nuestras mujeres adolescentes.

Más de tres millones de jóvenes, de 14 a 24 anos de edad, ingieren alcohol habitualmente, según datos de los Centros de Integración Juvenil (CIJ), y el abuso en el consumo de esa droga legal socialmente aceptada aumenta a ritmo consistente desde el ano 2000.

Es momento de hacer un llamado de atención a todos los sectores sociales. Porque al margen del dano individual que pudiera causar el consumo de alcohol, el impacto social y consecuentemente en el gasto público, es de muy alto costo. Casi 600 personas mueren al día en México por causas asociadas al consumo de bebidas alcohólicas, incluidas las víctimas de más de la mitad de los accidentes de automóvil. De los fallecidos, 23% son jóvenes.

En total, ese vicio cuesta a México un billón 400 mil millones de pesos anualmente en atención médica, pérdidas de calidad y productividad y aumento del ausentismo laboral.

El creciente consumo de alcohol debe motivar respuestas urgentes y con enfoque integral, de parte de nuestras autoridades y de las instituciones académicas, oficiales y no gubernamentales. Porque, sin duda, este es un problema que reclama participación de toda la sociedad.

El consumo de alcohol puede ser un aliciente, en determinadas circunstancias y por eso es permitido, pero al final del camino, y para quienes rebasan los límites de la moderación, la dependencia emocional y orgánica mina su integridad física y altera su funcionamiento mental.

Ya resulta sintomático el hecho de que, como una lengua y una idiosincrasia, cada país tenga también una ""bebida nacional"". El hábito del alcohol, como los de la droga y el cigarro, es tan poderoso que en la década de los 20 derrotó en Estados Unidos a la ley Volstead, que prohibía la producción, distribución y venta de licores; ésta resultó impopular y cara y generó la expansión de la criminalidad.

Desde entonces, los gobiernos han sido ineficaces no sólo para frenar el alcoholismo, sino para evitar el desenfrenado fomento que del mismo se hace en publicidad, promociones e inducciones subliminales. Claro, los fabricantes de bebidas embriagantes pagan impuestos y sólo se obligan a recomendar a sus clientes que no las consuman con exceso, aviso que para cada quien marca diferente frontera.

El alcoholismo es un problema muy grave, y que ahora gane terreno entre los hombres y mujeres jóvenes de México es un síntoma que debe ser atendido con urgencia.

La publicidad del alcohol es abundante, pero los sitios donde se expenden las bebidas embriagantes se extienden sin ajustarse a las limitaciones marcadas por los reglamentos municipales. Las escenas de jóvenes bebiendo en donde puedan, en todos los rincones de cada ciudad mexicana, son cotidianas.

Este problema sólo podrá ser enfrentado exitosamente por la acción conjunta y coordinada de familias e instituciones. Pero el primer paso es tomar conciencia de su magnitud. (El Universal)

"