Ale del Carpio, coleccionista de Barbies

Alejandra del Carpio ha dedicado parte de su vida a la colección de muñecas. Cortesía
Alejandra del Carpio ha dedicado parte de su vida a la colección de muñecas. Cortesía

Lo que comenzó como una forma de negocio para Alejandra del Carpio Mendoza, terminó en una afición por coleccionar muñecas Barbies, pues actualmente posee una colección de cientos de muñecas y realiza “miles de modelos de ropa, y cada semana salen modelos nuevos”.

La génesis de esta afición es cuando fue empezó a crear “ropita para Barbie, me sentí muy bien, me sentía atraída por este mundo, y decidí poner la tienda y también me volví coleccionista, porque veía algunas piezas que sin duda me las quería y empecé a quedar; exploré el mundo de los juguetes, es padrísimo, me encantó y por eso me quedé aquí”.

Barbie fue una de las películas más esperadas del año, protagonizada por la actriz Margot Robbie y Ryan Gosling como Ken; actualmente se mantiene en cines, la cual revivió y fomentó la afición a esta muñeca para miles de personas.

Ale Mendoza tiene 33 años, y esa afición siempre se ha mantenido, “ya estaba empapada con todas las cosas de Barbie, y no me sorprende que adultos, hombres, mujeres, niños y niñas entren a la tienda y busquen cosas específicas, y gracias a la película he visto que tengo nuevos clientes”.

Recuerda que la primera muñeca que tuvo fue una Barbie rubia básica, “pero como vendía ropa, me di cuenta de que necesitaba más muñecas, por ello fui adquiriendo más y empecé a comprar muñecas nuevas, en caja, y algunas que me llegan las veo, y si me gustan me las quedo, y ni siquiera la saco de la caja”.

La industria del juguete

De acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de la Industria del Juguete (Amiju) y la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (Antad), la industria del juguete en nuestro país genera mil 900 millones de pesos anuales.

Alejandra relata que “hay diferentes tipos de colecciones: están a los que nos gusta sacar a las muñecas de la caja, vestirlas, usarlas; pero está la otra parte, las que se quedan en caja y puedes tener la colección completa, y eso también les da un valor para las personas que se dedican a buscar y comprar”.

Ale es indecisa, no sabe si la colección es “realmente una inversión o un ahorro, también es un gasto, no sé cómo decirlo, pero sí, es una adicción, y es que llega a gustar demasiado; hay piezas muy caras y creo que no he llegado al nivel de otros coleccionistas, la mía es muy, muy pequeñita, pero me gustaría tener cosas grandísimas, y me detengo porque creo que sí requiere una inversión muy grande”.

Gran parte de este comercio se mueve por medio electrónico, principalmente a través de grupos de Facebook, “100 % dedicados al coleccionismo de Barbie”, donde incluso se pueden vender hasta en 10 mil pesos, aunque advierte que las estafas están al orden del día. Ale tiene clientes Estados Unidos, Colombia, Guatemala, hasta de Francia.

La inclusión en las muñecas

“A mí me gustan las muñecas afroamericanas, me gustan porque son difícil conseguirlas; a Chiapas regularmente nos mandan muñecas rubias, las más normales; entiendo que las más raras no se venden tanto, o quizá a algunos coleccionistas o personas adultas ya buscamos cosas diferentes.

“Me llaman la atención porque creo que en mi infancia no las veía, entonces ahorita para mí es muy raro ver una muñeca afrodescendiente, y es lo más raro que tengo en mi colección; pero creo que todas las muñecas tienen algo especial”.

Subraya que desde hace unos años se han visto muñecas que impulsan la inclusión, “un mensaje importante de Barbie, que se ha promovido en las últimas décadas”, incluso ha observado una Barbie usuaria de silla de ruedas.

“Acá tengo esta, está padrísima, una línea de Barbies inclusivas, ya son varias, está una con síndrome de Down, vitiligo, problemas auditivos, prótesis en las piernas”, etcétera.