Todos los trajes lucieron. Algunos más extravagantes que otros; fueron artesanales o muy comerciales. También las calles y familias de Tuxtla Gutiérrez fueron testigos de infantes que prefirieron un atuendo más tradicional, de aquellos personajes que se identifican con las costumbres mexicanas. La algarabía y la multitud se hizo presente para pedir la ¡calabacita, tía!
Aunque la forma de pedir la calabaza y los dulces se han modificado con el paso de los años, el acto en sí prevalece. Niñas, niños, jóvenes y hasta personas adultas disfrutaron de esta celebración.
La pandemia quedó atrás y las “almitas” se desbordaron en las calles de la capital, pero también en el resto del estado en donde a esta tradición la denominan como pedir ayote.
Por destacar a un entusiasta de este festejo, encontramos al tío Luis, quien se lució al instalar una casa del terror sobre la 4ª Oriente y 4ª Norte, en el corazón de capital. Antes de las 17:00 horas el lugar estaba abarrotado. Familias enteras llegaron al sitio para apreciar todos los detalles que estaban al interior. El frente de ese hogar fue delimitado mediante la colocación de leyendas de precaución. Dos bolsas en color negro simularon dos cuerpos como parte del paisaje.
Las “almitas” optaron por disfrazarse de “angelitos”, de “brujitas” y también de la tradicional catrina. Además, caminaron por las calles las chiapanecas y hasta las monjas.
Para ingresar a la casa del terror la fila se fue ampliando; de pronto, varias cuadras de “angelitos” y “angelitas“ esperaban su turno para entrar. Todos recibieron sus dulces y, cuando se iban, soltaban la frase icónica: ¡Que viva la tía!
Ornamentación alusiva
En el interior de este espacio la población disfrutó de los adornos que incluyeron veladoras, flor de cempasúchil, además de iluminación para que las calabazas (en color negras y naranja) lucieran de mejor forma.
Uno de los personajes más llamativos para los niños se encontraba en la parte superior. Se trata de una gigantesca bruja que colgaba de su escoba, con el rostro verde, su enorme sombrero en tono oscuro y una bata morada, la cual causó asombro y miedo a más de uno. Asimismo, la casa se mezclaba entre varias tonalidades y juego de luces, y algunas muertes colgantes complementaron el escenario.
Las familias adoptaron este lugar para disfrutar del ambiente tétrico que se respira ante personajes del cine de terror como la muñeca Annabelle, el payaso Eso y hasta múltiples formas de calaveras; lo mismo con los sonidos que escenificaban la casa. De ese espacio todos salieron contentos y con dulce en mano.
La Hacienda
La familia Mendoza repitió la hazaña, pues en el fraccionamiento La Hacienda, las familias llenaron el lugar. Durante la pandemia fue imposible hacer esta celebración, pero en este 2023 las personas respondieron de buena manera.
En el trayecto, padres y madres acompañaron a los menores, y por la gran afluencia en el lugar también se dieron cita los cuerpos de emergencia. Sombreros hecho de paja o bebés en forma de calabaza vistieron la noche. Hubo quien optó por algo más peculiar: un niño montando un dinosaurio en color verde, que fue imposible que pasara desapercibido. En esta colonia se dio prioridad a quienes llegaron de otros puntos de la ciudad, así como madres y padres con menores en carreolas.
En el punto central de la repartición del dulce, los infantes fueron pasando por bloques. Antes se paraban en un espacio para la foto oficial con dos personajes en forma de calaveras gigantes. Los niños y niñas se fueron con sus golosinas en manos. ¡La tradición sigue viva!












