Debido a las tradiciones con gran arraigo, en algunas regiones de Chiapas se causa un impacto negativo a la flora y fauna. Especialistas dan a colocar que tan sólo en la recolección del “Niño Florero”, son afectadas de manera anual al menos 50 mil plantas.
De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural (Semahn), en Chiapas, “de manera anual se afectan al menos 50 mil plantas por las fiestas tradicionales de la temporada, como es la del ‘Niño Florero’”.
Cabe recordar que para esta festividad, la procesión comienza cuando se dirigen a los Altos de Chiapas a recolectar bromelias en floración que servirán de adorno en los “nacimientos” en Chiapa de Corzo, Villa de Acala, San Lucas, Chiapilla, Venustiano Carranza y Totolapa.
Los “floreros”, como se les conoce a los recolectores de esta flor, van en aumento año con año. Comenzaron siendo unas 20 o 30 personas, y en la actualidad son mas de 500 los que realizan esta procesión. Se calcula que cada grupo extrae aproximadamente 25 mil flores que equivalen a igual número de plantas. En total, son 50 mil plantas afectadas anualmente.
La festividad del “Niño Florero” impacta directamente a la especie Tillandsia guatemalensis, que es llamada como la flor del niño, sin embargo, también otras especies de bromelias son colectadas por los “floreros”, tales como: Tillandsia imperialis o flor de mazorca, que se encuentra citada en la NOM059 como una especie en peligro de extinción; y la Tillandsia eizii, denominada flor de trenza, la cual, aunque no es parte de la Norma Oficial Mexicana, cuenta con poblaciones muy reducidas.
La Secretaría de Medio Ambiente e Historia Natural exhorta a la población en general a continuar con sus festividades religiosas sin olvidar que las flores son un recurso natural que de no cuidarlo puede extinguirse, poniendo en riesgo también a las tradiciones.
La tradición de la flor del niño la comenzaron principalmente jóvenes de entre 15 y 20 años, lo que les servía para dar fuerza al cuerpo y espíritu, ya que los preparaba para la edad adulta y los fortalecía espiritualmente al convivir con todos los que participaban. A partir de la conquista española, esta tradición tomó un sentido religioso, ya que los dominicos lo apegaron al nacimiento del Niño Jesús.











