Alimentos

Más de 500 toneladas de alimentos se desperdician cada año en países emergentes -en desarrollo-, entre ellos los de América Latina, en donde 53 millones de personas sufren hambre, de acuerdo con datos aportados por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, organismo que ha hecho un llamado a replantear los procesos en el manejo de estos recursos.

El organismo mundial sostiene que el desaprovechamiento de alimentos se debe a malas prácticas agrícolas, de almacenaje o transportación, entre otras causas que podrían ser mejoradas con el propósito de obtener un mejor uso que aporte más recursos y llegar al mismo tiempo a consumidores que se hallan en problemas para acceder a un mínimo para su sobrevivencia.

El análisis cobra mayor imporancia al extenderse al mundo, pues de acuerdo con la misma fuente, en este plano suman alrededor de mil 300 millones de toneladas métricas de comida las que dejan de aprovecharse anualmente, pese a que mil millones de personas padecen hambre. Mientras en países desarrollados hay una sobreoferta de alimentos, en otros lugares del mundo, es lo contrario, una ausencia de producción y oferta. En este escenario, la gente de escasos recursos que vive en áreas rurales es la más expuesta a padecer hambre, pese a que es la que está más involucrada en la producción de alimentos, aunque las personas de escasos recursos de zonas urbanas también son vulnerables al problema.

El asunto es complicado, pues ni siquiera responde a sistemas de producción u orientaciones políticas, sino a frías reglas de mercado, a la oferta y demanda; siendo un bien de consumo, los alimentos muchas veces subsidiados, requieren como toda producción, comercialización que garantice su continuidad.

No se trata de llevar excedentes de un lugar a otro; parte de la solución sería lo que viene haciendo el organismo mundial, en el sentido de orientar en los países con mayor problema, políticas que propicien un aumento de la producción, sin embargo existen vastas regiones en las que la erosión y la falta de agua hacen imprescindible la solidaridad de las naciones, y en estos casos no queda más que trasladar la ayuda hasta esos sitios, con todos los costos e inconvenientes que conlleva.