"Óscar Gutiérrez * CP. Las almas de los fieles difuntos retornan estos días al antiguo valle zoque de Coyactomó (Casa de Conejos) de esta capital chiapaneca.
El regreso del ""inframundo zoque"" se realiza cobijado con aromas de incienso, de comidas tradicionales y resplandores de velas, que emanan de los coloridos altares donde se reencuentran con familiares y amigos.
La música del tambor y el pito armoniza el misticismo indígena de la muerte y la vida, que se recobra con la memoria y la invocación del Día de Muertos y Fieles Difuntos.
Los altares ancestrales zoques, la principal cultura prehispánica asentada en la región Centro de Chiapas, son el puente de enlace del inframundo con la comunión de los vivos.
Miguel Ángel Ballinas Cancino, promotor de las tradiciones de Tuxtla Gutiérrez, aseguró que la preservación de estas celebraciones en el pueblo zoque, fortalecen la identidad individual y colectiva contra el desarraigo de la globalización cultural.
A diferencia de otros altares del país, los de la comunidad zoque se construyen de tres pisos; a la cabeza va el somé o enramada con frutos colgantes, que simboliza la entrada al inframundo.
Las fotografías de los difuntos ocupan el sitio principal, ribeteadas por la cruz del sacrificio, y los colores negro, de la tristeza; blanco, del luto, la paz y la pureza y el morado que simboliza el duelo por la pérdida mortal.
En el último nivel se encuentran las comidas y bebidas que se disfrutaban en vida.
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