La ropa de las mujeres tsotsiles en Zinacantán no está guardada en el tiempo. Incluso la vestimenta funciona como una industria de alta moda local, donde cada tres meses, las pobladoras estrenan blusas y faldas con nuevos colores, flores y cortes para lucir en las fiestas del pueblo.
Esta costumbre rompe el mito de que la ropa indígena es “simple folklore” que nunca cambia, de acuerdo a la investigadora posdoctoral Cimsur-UNAM, Rachel Schaetzel Barder, que estudió este fenómeno en la comunidad y descubrió que las tsotsiles imponen sus propias reglas de estilo.
Sin embargo, fuera de la región persiste una idea equivocada sobre su cultura. “Existe una dicotomía generalizada que opone la moda de las sociedades occidentales al traje tradicional de las comunidades... mientras la primera cambia siempre en la búsqueda de lo nuevo, el segundo se conserva y se remite a una tradición estática”, explica la especialista.
Transformaciones
En la plática para el Colegio de la Frontera Sur “La tradición reelaborada: el sentido social de la moda en Zinacantán, Chiapas”, la autora sostuvo que la forma de vestir tiene una historia llena de transformaciones desde los años setenta, época en que las mujeres vestían telas blancas de manta con bordados muy sencillos.
Con la llegada de nuevos caminos y el comercio, aparecieron los hilos de colores vivos y el bordado a mano en punto de cruz. Hacia el año 2000 vino una etapa de tonos oscuros como azul, verde y negro, que las señoras recuerdan como una época triste.
Desde 2015, la llegada de computadoras para bordar en Nachig aceleró el trabajo, pero no desplazó a las artesanas.
Hoy en día, las familias combinan cinco formas de confección, el telar de cintura que viene desde tiempos prehispánicos, el telar de pedal, la máquina de coser sencilla, el bordado a mano y la bordadora computarizada. Esta variedad influye en el precio final de cada traje.
Costos
Una falda hecha en telar de pedal cuesta unos 400 pesos, mientras que una falda tejida en telar de cintura alcanza los 800 pesos. A pesar de esa enorme diferencia en el costo, la mitad de las mujeres prefiere pagar el doble o más por el trabajo artesanal de cintura.
La razón de este gasto no es capricho, pues las compradoras buscan la textura gruesa del hilo, el peso de la tela y la forma elegante en que la falda cae sobre el cuerpo.
“No es que no haya importancia histórica, sino que realmente tiene que ver con el uso presente y el gusto que se ha cultivado para esta técnica, hasta la vista de cómo es la caída de la falda les gusta porque es más grueso, se siente mejor”, detalla la investigadora.
Cambios por fecha
A diferencia de las grandes marcas internacionales que producen ropa en exceso, en Zinacantán las bordadoras respetan sus propias fechas. Las nuevas colecciones salen únicamente en tres celebraciones principales: San Sebastián en enero, la Virgen de Fátima en mayo y San Lorenzo en agosto.












