Amar y odiar al vecino distante

"Por supuesto que Felipe Calderón no es Carlos Salinas de Gortari ni Ernesto Zedillo ni Vicente Fox, como para tener que seguir sus pasos en política exterior. Aún así tendrá que demostrar que no ser como ellos tiene sus ventajas.

Mucho más cuando se trata de lidiar con Estados Unidos, poderoso vecino geográfico con el que estamos más integrados de lo que quisiéramos y debiéramos, y al cual tenemos que entender y manejar a partir de este inevitable vínculo geográfico y económico. No obstante, la historia nos muestra que no hemos sabido manejar el fino arte de poner nuestros relojes a la misma hora. La administración calderonista pudiera ser la que por fin empate intereses con ellos.

Ayer mismo, la reunión que sostuvo el presidente electo de México con George W. Bush, en Washington, sirvió para refrendar el tradicional protocolo de amistad entre gobiernos -sin intercambio de botas y experiencias vaqueras, como hace seis anos-, pero también para manifestar que la agenda bilateral se tiene que replantear, porque los momentos en ambos países son distintos.

Calderón prometió que el tema migratorio no será abandonado, pero tampoco será el eje de las relaciones bilaterales; lo cual ya indica un giro. Habló de la necesidad de incrementar inversiones e incluso de otros asuntos como el de la apertura agrícola prevista por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte para el ano 2008, que es imperativo para México, porque aquí no se han cumplido las metas para abatir la debilidad estructural de nuestro agro.

El panista ha criticado la construcción del muro fronterizo, que autorizó el presidente de EU hace unas semanas, y le ha pedido a ese país corresponsabilidad en la lucha contra el narcotráfico, por ser, nada menos, que el mayor mercado de drogas del mundo. Más todavía, el nuevo mandatario mexicano ha anunciado un giro de su política exterior, para diversificar sus horizontes y ""mirar más al sur"".

Por su parte, Bush -que gobernará EU sólo los dos primeros anos de Calderón en México- acaba de perder, junto con su partido, el Republicano, el control del Poder Legislativo, lo que, se anticipa, limitará los márgenes de maniobra política del mandatario.

Con un presidente estadounidense acotado, México no puede abrigar muchas esperanzas de solución a sus problemas más urgentes. Aún así, la Casa Blanca ha dicho que no hará de lado su lucha contra el terrorismo y la seguridad regional, que no suelen ser, a su vez, de las prioridades mexicanas.

Ahí es donde radica el reto de poner nuestros relojes a tiempo, no dejando que un tema domine la agenda, porque con que alguna de las partes lo haga a un lado, se termina la relación bilateral, y llevando la diplomacia conjunta a que las prioridades de los dos sean compartidas.

Por ejemplo, si Estados Unidos tiene como obsesión el tema de la seguridad fronteriza y la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, sumémonos de manera que sea importante para nosotros haciéndole ver que nuestras prioridades también deben ser atendidas.

Cruzar agendas y acabar con la maldición del vecino distante sólo se podrá hacer cuando haya verdadera voluntad mutua para hablar el mismo idioma. Difícil, sí; pero de lograrlo, Calderón mostrará que es distinto a sus predecesores. (El Universal).

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