Detrás de un anillo, un collar, una pulsera o una escultura existe una historia que comienza alrededor de 23.5 millones de años en el pasado, pero que continúa escribiéndose en las minas de Simojovel, en los talleres artesanales y en las comunidades que han hecho de esta resina parte de su identidad. Así lo expresó la investigadora Perla Shiomara del Carpio Ovando.
Explicó que el ámbar es una resina fosilizada cuya formación se remonta a millones de años y que, gracias a disciplinas como la paleontología, geología, biología y arqueología, ha permitido conocer elementos de la flora y fauna que existieron en épocas prehistóricas.
Aunque existen registros de ámbar en entidades como Baja California y Coahuila, Chiapas concentra algunos de los depósitos más importantes de Mesoamérica, sobre todo en Simojovel, municipio reconocido históricamente como la “tierra del ámbar”.
Una riqueza que comienza bajo tierra
Uno de los aspectos que consideró necesario visibilizar es el trabajo de quienes hacen posible que el ámbar llegue al final a los consumidores.
En Simojovel, explicó, buena parte de la extracción se realiza mediante minería artesanal y de pequeña escala, una actividad que suele desarrollarse en condiciones de informalidad y precariedad económica.
Los llamados “amberos” utilizan herramientas como cinceles y martillos para desprender la piedra y después trasladan el material mediante carretillas, en una labor que implica importantes riesgos físicos.
Durante las temporadas de lluvia, el riesgo de derrumbes aumenta, y existen antecedentes de personas que han sufrido lesiones graves, amputaciones e incluso han perdido la vida.
“Cuando vemos un anillo, una pulsera, unos aretes o un collar, es necesario dimensionar que detrás está el trabajo humano”, planteó.
Una cadena
Subrayó además que la participación de las mujeres en la actividad minera y artesanal ha sido constante, aunque muchas veces permanezca invisible.
En las comunidades dedicadas a la extracción del ámbar participan familias completas y, en determinadas etapas del proceso, también se ha documentado la presencia de mujeres y menores en actividades relacionadas con la selección del material extraído.
“Es necesario analizar el ámbar a partir de toda su cadena de valor: extracción, transformación y comercialización, y no únicamente desde el producto terminado”, expresó.
El “boom” del ámbar
Otro momento relevante en la historia reciente del sector ocurrió entre 2012 y 2015, periodo que la investigadora identificó como el “boom del ámbar”, debido al incremento de la demanda internacional, sobre todo de mercados asiáticos, Estados Unidos, Canadá y Japón.
La demanda se concentró en especial en piezas de ámbar amarillo y transparente, utilizadas tanto en joyería como en objetos ornamentales y religiosos.
El crecimiento de la demanda representó oportunidades económicas para las comunidades productoras, pero también generó nuevos desafíos relacionados con la extracción y comercialización de la materia prima.
Símbolo de identidad
Además de su valor económico, el ámbar tiene significados profundos para mineros, artesanos, artesanas y consumidores.
A nivel estatal, también existe una asociación entre esta resina y el orgullo de ser chiapaneco.
Esta dimensión, sostuvo, permite comprender por qué la resina debe considerarse como parte del patrimonio biocultural de Chiapas y no solo como una materia prima para elaborar joyería.
El reto de preservar el oficio
Otro desafío es evitar que los conocimientos relacionados con la extracción y transformación del ámbar se pierdan ante las brechas generacionales, la migración y las dificultades económicas.
Después de la pandemia, dijo, diversos mineros migraron hacia Estados Unidos en busca de mejores oportunidades, lo que también modificó la disponibilidad de mano de obra en las comunidades productoras.
A esto se suma la competencia de productos asiáticos que pueden ser comercializados como si fueran ámbar auténtico, particularmente en espacios turísticos donde los consumidores no siempre cuentan con información suficiente para distinguirlos.
Ante este escenario, consideró necesario fortalecer las alianzas entre instituciones culturales, educativas, económicas y de salud, así como impulsar mecanismos que permitan mejorar la comercialización y proteger a quienes participan en esta actividad.












