El ámbar ha sido sumamente admirado y buscado desde épocas prehispánicas, principalmente por la cultura Mexica, que exigía esta resina como tributo al único pueblo que con contenía, y contiene aún, reservas de ello, el de Chiapas.
Anteriormente se han encontrado piezas de esta resina dentro de entierros de lo que fue la gran Tenochtitlán, objeto que probablemente no solo funcionó como ornato de la clase noble, sino también como un amuleto contra la mala suerte y una especie de escudo protector ante malos augurios.
De igual manera, se han hallado piezas de ámbar en féretros de Monte Albán, Oaxaca, sitio que perteneció a la cultura Zapoteca. Lo curioso es que en asentamientos precolombinos dentro de Chiapas este objeto no ha sido hallado, solamente se encontró una especie de botón dentro de una tumba de la cultura Zoque, perteneciente a la zona arqueológica de Chiapa de Corzo.
Es todavía un misterio el por qué este resina, tan admirada hoy en día, aparentemente no lo fue en las culturas asentadas en el estado como la Maya, Zoque y Chiapaneca, contrario a sus congéneres del valle de México y del vecino estado.
Es también una incógnita cuándo y dónde se situó la principal mina de este producto en el Chiapas prehispánico, algunos han afirmado que posiblemente se trató de Simojovel, mismo que continúa siendo.
Sin embargo, en el libro de Fernán Pavía Farrera ¿Ámbar chiapaneco en la época prehispánica?, el autor asegura que este poblado fue fundado hasta 1616, casi 100 años después de la consolidación de la conquista por los españoles, lo cual no puedo haber sido descubierta antes.
Pavía Farrera tiene como hipótesis que esta resina pudo ser extraída en el municipio de Totolapa, durante los tiempos precolombinos. Para el arqueólogo, Eliseo Linares Villanueva, esta idea no suena “descabellada” ya que no existen documentos antiguos que asiente a Simojovel como principal exportador.
Traslado
Para hacerlo más contradictorio, en uno de los folios del Códice Mendocino se aprecia que Chiapas, principalmente la actual área del Soconusco, tributaba al Imperio Azteca distintos productos desde pieles de jaguar, chocolate, plumas de quetzal y cerámica, destacando dos grandes ladrillos amarillos de los cuales brota agua.
Para algunos estos dos objetos amarillentos se tratan de ámbar, pero Pavía Farrera asegura que es una equivocación, ya que esta resina no tiene propiedades relacionas con el agua, más bien por ser un tipo de resina se incendia con fuego emanado un olor agradable.
De igual manera, se sabe que actualmente en el Soconusco no existen minas de esta resina; si se añade que Simojovel no había sido descubierto o poblado, entonces es probable que el denominado ámbar en el códice haya sido un error de traducción por los españoles.
Entonces de dónde se extraía esta resina que era enviada al penúltimo emperador mexica, Moctezuma Xocoyotzin, tal vez esto siga siendo un misterio, lo que sí es seguro es que Chiapas era y es el único productor de esta resina en Mesoamérica.
Aunque algunos otros documentos coloniales afirmaban que en el actual Zinacantán existió una fuerte militar azteca, hoy no se han encontrado vestigios de ello, solamente algunos rastros de asentamientos mayas, pero por su cercanía con Simojovel y Huitiupán, sitios donde se extrae el ámbar, es probable que por algún lugar olvidado por el tiempo y los códices se haya ubicado una mina de ámbar.
Cosmovisión
Eliseo Linares indicó que los mexicas creían que el ámbar era una expresión del “sol de los muertos”, y dicho producto era encontrado en el subsuelo porque al ocultarse el astro en el horizonte, éste viajaba al mundo de los muertos y dejaba rastros de su paso.
Incluso durante los ocasos, cuando el sol se encuentra en tonalidad naranja, desangrado y listo para viajar al mundo de los muertos, según los antiguos mexicanos, a su paso dejaba resina color roja; mismas que hoy es de las piezas más buscada por orientales asiáticos, por tratarse de una resina color roja.
Algunos otros documentos españoles de la Colonia afirman que en Tenochtitlán existieron “ambareros”, personas dedicadas al trabajo de la resina para convertir el ámbar en objetos de adorno, como besotes, aretes y acompañantes de otros objetos.
Por ello es probable que también lo hayan utilizado como protector de mala vibras, augurios y curativos de enfermedades, además de que utilizado como incienso an rituales religiosos.
Hoy algunas personas continúan utilizando a la resina como protector contra el mal de “ojo” en bebés, otros más como ornato, pero el hecho es que continúa siendo buscado por personas de todo el país y de otras partes del mundo.












