"David Morales * CP. Durante la temporada de fin de ano la Avenida Central de Tuxtla Gutiérrez se ha convertido en la zona de trabajo para vendedores ambulantes, en esta vía el principal producto que con el que se comercia son los juguetes de bajo costo, el ciudadano puede adquirir desde el carrito chocón, la llave con su nombre, incluso la blusa confeccionada por mujeres indígenas.
Legalmente esta práctica no es permitida. De acuerdo con Iván Altamirano Palacios, director de Mercados, Panteones y Ambulantaje de esta ciudad, sólo se otorgaron 45 permisos para el comercio ambulante con restricción al primer cuadro de la ciudad, la Calle Central y las aledanas a los mercados ""Dr. Rafael Pascacio Gamboa"" y ""Gustavo Díaz Ordaz"". Dichas autorizaciones ya se vencieron puesto que tenían como fecha límite el 7 de enero.
Al recorrer desde la plaza central al oriente sobre la principal avenida de la capital se encuentran varios de ellos.
Bajo la sombra de un edificio aún en construcción se colocaron dos de ellos, el primero un joven con una reja, encima de la reja una franela roja y una traste con agua, al interior dos juguetes que al darle cuerda pareciera que nadaran, su precio es de tan sólo 10 pesos.
El segundo es una dama, sentada en el piso colocó una cartulina con una tabla de madera para ensenar su producto. Se trata de una carrito que al encenderlo avanza hasta que choca con la tabla, da una vuelta y de nueva cuenta avanza hasta chocar nuevamente y repetir el proceso. Su costo es cinco pesos más que el munequito nadador.
A esa fila se le suma una nina indigente, con un vaso en la mano, sin letrero alguno y sin discapacidad que se distinga, pide se apiaden de ella y el transeúnte le regale una moneda.
Más adelante otra pareja, a los que por su cabello con trenzas y ""rastas"", su ropa holgada, entre otras características, les llaman ""hippies"". Ellos están sobre la escalinata de un banco haciendo trenzas. Metros después un grupo de mujeres indígenas, de origen y nombre desconocido, intentan vender blusas tradicionales a 120 pesos la más barata.
Dos calles después, a la altura de la Quinta Poniente, el mismo panorama. O son juguetes o alguna artesanía.
Todos ellos tienen nombre pero prefirieron mantener el anonimato al saber que su historia se daría a conocer.
La primera pareja salió a las calles a inicios de diciembre, aseguran que las ventas les alcanzan para surtirse de mercancía y vivir ""dignamente"". Los ""hippies"" dicen que aparte de las pulseras y las trenzas no saben hacer otra cosa para ganarse la vida.
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