A pesar de los riesgos del contagio, a los vendedores ambulantes no les queda otra alternativa que salir a laborar ya que según dicen, viven al día y si no trabajan, no cuentan con el sustento diario para sus familias.
La pandemia que se vive actualmente, la falta de empleos y el regreso a la nueva normalidad que ha hecho bajar la guardia contra el virus, al bajar el riesgo del semáforo rojo a naranja, en Chiapas, para los comerciantes ambulantes el panorama no es muy alentador, pues según explicó David “N”, de 54 años, vendedor de raspados desde hace unos 40 años: “A personas como nosotros no nos llega ningún apoyo del Gobierno Federal”, esto a pesar de ser discapacitado y de haberse anotado, desde el año pasado, en el programa federal, sin salir beneficiado.
Ahora con la pandemia del Covid-19, dijo, sólo sale unas cuantas horas recorriendo con su triciclo las principales calles y avenidas de la ciudad, aprovechando algunos clientes ya que de un 100% que se vendía, actualmente sus ventas han caído un 70 %, lo que apenas alcanza para su comida y volver a surtir sus insumos.
Juan Sarracino, de 33 años, padre de tres hijos y quien tiene a cargo a sus padres, personas de la tercera edad, se gana la vida vendiendo pastelitos, donas y empanadas, con precios de ocho y 10 pesos para lograr sobrevivir, puesto que la crisis económica que se vive actualmente ha hecho que las ventas bajen hasta un 80%, sin embargo, tiene la esperanza de que todo vuelva a la normalidad y sus ventas aumenten, para tener buenas ganancias.
Por su parte, Francisco “N” mejor conocido como el amigo “Panchito”, desde las primeras horas de la mañana sale en su triciclo a vender atoles de sabores: chocolate, arroz con leche, así como tortas de 10 y 15 pesos. A pesar de ser una persona de la tercera edad y a sabiendas que se expone al contagio, señala que “todos los días, la vida le da la oportunidad para ser mejor persona”.
Cabe señalar que todos usan las medidas precautorias necesarias como portar su cubrebocas, gel anti bacterial, los que todos los días utilizan con la esperanza de no contagiarse en la búsqueda del sustento diario, frente a la pandemia que hoy vivimos.











