El cambio climático fue noticia cuando llegó la gran inundación de Veracruz o cuando el año pasado la falta de lluvias secó las presas que abastecen a la ciudad de México. Pero ha pasado desapercibida cuando los efectos son menos espectaculares aunque su gravedad sea igual o mayor. Ese es el caso de las plagas.
Más de 100 mil hectáreas de pinos y encinos han sido devastados por gusanos descortezadores, larvas barrenadoras, muérdagos y escarabajos. En siete estados del país los productores de cítricos están luchando contra el mosco que transmite un virus mortal para los sembradíos. También el mosquito transmisor del dengue se ha esparcido por el país gracias a su adaptación a zonas urbanas y a zonas de mayor altitud donde antes no podía sobrevivir. Como puede verse, no es sólo un asunto que deba preocupar a ambientalistas, se trata de un problema de índole económico y de salud pública.
¿A qué se debe la proliferación de éstas y otras plagas? Algunos argumentan que siempre han estado ahí. Lo cierto es que las circunstancias actuales de México no podrían ser mejores para la aparición de tales plagas. Cuando un país pierde especies y biodiversidad a pasos agigantados, como el nuestro, otros organismos se reproducen sin control. Ciertas clases de ratas, hongos, mosquitos, aves y demás especies han dejado de tener depredadores que controlen de manera natural su población. Además, gracias al cambio climático -y a la invasión humana de hábitats vírgenes- microorganismos y animales nocivos han podido emigrar desde sus zonas de origen hacia pueblos y centros urbanos.
Ratas, piojos, chinches, mosquitos y garrapatas conviven con miles de familias mexicanas todos los días. Animales que a su vez transmiten padecimientos como dengue, rickettsia, mal de Chagas, paludismo, malaria y tuberculosis. Es un problema de salud, pero que tiene que ver más con preservar ecosistemas que con desarrollar costosa tecnología hospitalaria o sistemas de vacunación. Con más de 17 millones 877 mil 233 personas en alta y muy alta marginación la combinación es explosiva para el desarrollo de nuevas enfermedades y plagas.
Parece vaticinio apocalíptico de corte bíblico. En realidad sólo son las consecuencias lógicas del escenario ambiental que estamos creando con la emisión de gases de efecto invernadero y la destrucción de ecosistemas para fines económicos o de vivienda.
México será sede de la próxima cumbre contra cambio climático en noviembre. Es de esperar que ya tenga planes y acciones para presumir acerca de cómo mitigar los efectos del calentamiento global. (El Universal)











