A tres meses de que la actual administración nacional cumpla un año en el país, Francisco Javier Aparicio Castillo, investigador de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), consideró que el presidente Andrés Manuel López Obrador es una persona que se ha distinguido por hablar de forma constante y que hace juicios de valor que, muchas veces, son a la ligera.
“A veces te sonríe y te dice que es un chiste o al día siguiente se desdice, o te dice que me malinterpretaron”, complementó el especialista en asuntos políticos.
En el marco del conservatorio Democracia, ¿Hacia dónde vamos?, realizado por el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC), mencionó que sí existe un presidente que se toma “licencias lingüísticas” de manera cotidiana, es raro que el resto de los servidores públicos sean destituidos por los comentarios desfavorables que realizan.
En su opinión, consideró que las expresiones de los servidores públicos tienen que ser más acotadas; no obstante, destituirlos del cargo por juicios de valor (a diferencia de lo que realiza el presidente), dijo, puede convertirse en un “cuento de nunca acabar”, debido a que se trata de una valoración subjetiva.
Puntualizó que si el estándar es que cada persona que dé una declaración desafortunada (que fomente el odio o la violencia) será despedida, la situación puede convertirse en una “cacería de brujas”.
“Que se tome más en cuenta las decisiones o las omisiones de los funcionarios públicos que sus dichos, todo mundo tiene que hacerse responsable de lo que dice”, complementó.
En otro orden de ideas, el investigador consideró que el actual gobierno es “inédito” y que ahora está aprendiendo a ejercer la mayoría que tiene en las Cámaras; sin embargo, alterar el pacto de renovación completa de consejeros electorales o desaparecer institutos electorales locales vulnera el pacto constitucional de las reformas.












