Andrea y Elizabeth arriesgan la vida para salvar otras

Andrea y Elizabeth arriesgan la vida para salvar otras

Contrario a lo que se piensa, las actividades para rescatar personas, atender accidentes automovilísticos y sofocar los incendios estructurales, de pastizales y forestales, también se pueden hacer de forma profesional por parte de las mujeres; dos ejemplos que se pueden ver en Tuxtla Gutiérrez son los de Elizabeth Díaz y Andrea Guadalupe Andrade Bonilla, quienes forman parte de una brigada especializada en Protección Civil.

La dependencia municipal, que dirige Elizabeth Hernández Borges, preparó a 10 mujeres que se encuentran en la Dirección de Administración de Emergencias y Capacitación (área bajo el mando de Eder Fabián Mancilla Velázquez) y tienen los conocimientos en primeros auxilios y hasta evacuación de inmuebles.

La idea (a largo plazo) es que este cuerpo de brigadistas, compuesta de puras mujeres, se encarguen de todas las operaciones; desde la que lleva la unidad de ataque, hasta las que realizan rescates que requieren de mayor esfuerzo.

Elizabeth Díaz, paramédica y rescatista, mencionó que sus labores las inició hace cinco años en la Secretaría de Protección Civil. Llegó a la dependencia municipal por medio de una convocatoria, fue seleccionada después de pasar exámenes y pruebas físicas, desde los primeros auxilios, resistencia, rescates y maniobras.

En los años que lleva en servicio, relató, le ha tocado llegar a emergencias donde las personas ya se encuentran sin signos vitales; no obstante, también ha tenido que exponerse a las llamas cuando existen rachas de vientos considerables.

Dependiendo la intensidad de los siniestros, dice, es como se preparan con el material, el cual puede ir de las simples mochilas colapsables a las unidades de ataque rápido; sin embargo, uno de los retos mayores, remarca, es que los hombres puedan entender que las mujeres brigadistas cuentan con todos los conocimientos y la preparación para responder a las atenciones.

“Es una realidad muy potente, no podemos ocultarlo; siempre van haber compañeros que crean un poco menos en nosotras. Sabemos que ellos también tienen hermanas, mamás; viéndolo desde ese punto de vista nos protegen demasiado, nos cuidan mucho».

El equipo con el que se mueven se compone de: cascos, la monja, guantes, botes, overol y la ropa habitual que utilizan. En la brigada también participa una mujer que tiene la especialidad y conocimientos para atender a los animales que resultan con heridas por la propagación de los incendios.

Para Elizabeth Díaz una de las imágenes más afortunadas que le tocó vivir ocurrió cuando fueron a un rescate de una persona que cayó de un puente a una altura de 25 metros; sus compañeros (hombres) no querían colocarle el cable para bajarla, ellos querían ir por la persona lesionada. Después le amarraron las cuerdas, y ella descendió; llevaba su equipo de primeros auxilios, subieron al paciente y lo trasladaron.

Al llegar a la base, relata, todos sus colegas le aplaudieron la valentía y el esfuerzo que hizo para ayudar a una persona sin importar el riesgo que ella misma corría; a partir de esa fecha, se ha sumado a rescatar a otros ciudadanos que han quedado prensados en accidentes vehiculares y en otros percances.

Para el caso de Andrade Bonilla, su ingreso a la Secretaría de Protección Civil en Tuxtla Gutiérrez ocurrió hace tres años. Se desempeña como bombera rescatista pero tiene preparación en incendios estructurales y forestales, así como cursos de primeros auxilios.

El día común de una rescatista en la dependencia, describe, consiste en llegar al turno a las 7:00 am; revisan las condiciones de las unidades, esperan alguna llamada y si no hay ninguna emergencia en la ciudad realizan prácticas con las ambulancias y los vehículos. No obstante, cuando la población solicita el servicio, anticipan de que se trata para saber que herramientas llevar, se preparan de forma psicológica para el peor de los escenarios.

Para ella, asegura, lo más complicado de atender son los siniestros que ocurren en las viviendas, comercios o edificios, tomando en cuenta todos los químicos y sustancias que existen y que son altamente inflamables, pueden significar riesgo para las mismas combatientes.

Recuerda el incendio en una fábrica de veladoras en la colonia Antorcha Campesina, en Tuxtla Gutiérrez. Considera que fue la actividad más riesgosa que realizó; ya que era de noche, con un edificio que no se conocía y almacenaban sustancias altamente inflamables, además de que el combate de las llamas también se realizó desde adentro del inmueble.

Ellas, apenas, son dos de las 10 mujeres que se han capacitado en múltiples servicios en Protección Civil con la única intención de ayudar a la ciudadanía. De poco a poco están rompiendo paradigmas, no solo en la parte de emergencias, también en la misma corporación y en el ámbito social, al mostrar a la sociedad la capacidad que tienen para atender los servicios.