Anonimato, una condición en Alcohólicos Anónimos

El consumo de alcohol es un problema social creciente. Diego Pérez / CP
El consumo de alcohol es un problema social creciente. Diego Pérez / CP

Enfrentar una enfermedad como el alcoholismo no es tarea fácil para quien la padece, pero, además, dentro de esos retos se encuentra el paso de acercarse a buscar ayuda; a eso hay que sumar el reto de integrarse a un grupo y temer por el estigma social, o incluso, por temores propios.

Una de las dudas más frecuentes de quienes desean integrarse al programa Alcohólicos Anónimos (A.A.) es la de saber si al ingresar el resto de la sociedad o de su propia familia se enterarán de que se es un alcohólico.

La respuesta es concreta y forma parte de las preguntas y respuestas de la literatura de los Servicios Generales de A.A., en la que se revela que el anonimato ha sido siempre la base del programa, lo cual fortalece la confianza de quien o quienes deseen integrarse.

A pesar de lo anterior, después de haber estado algún tiempo en A.A., la mayor parte de los miembros no tienen ninguna objeción especial a que se corra la voz respecto a que han ingresado a una fraternidad que los capacita a permanecer sobrios.

El anonimato incluye que, de manera tradicional, quienes son integrantes de los grupos, nunca revelen su asociación con el movimiento en publicaciones, en emisiones de radio y televisión ni mediante cualquier otro medio publicitario.

Ninguno de los miembros tiene derecho a romper el anonimato de alguno de sus compañeros.

En Tuxtla Gutiérrez, así como en el resto de ciudades del país, la organización AA integra a grupos localizados en diferentes barrios, colonias y fraccionamientos; y a los que estén interesados se pueden acercar de manera voluntaria y conservarán su identidad de manera reservada.

Los miembros más antiguos del grupo se dan cuenta de cómo se siente el recién llegado; pueden recordar sus propios temores acerca de ser identificados públicamente con lo que parece ser una palabra aterradora: “alcohólico”.

Una vez que están en A.A., a los recién llegados les puede parecer un poco divertida aquella preocupación del pasado acerca de que llegara a ser del conocimiento público que habían dejado de beber.