A diferencia del centro y norte del país, donde hay una marcada baja disponibilidad del agua y donde se implementan acciones para conservar y reutilizar, “en la zona sur tenemos tres cuartas partes del agua, las necesidades son diferentes y tenemos que proteger la vida por las inundaciones”, dijo el investigador de Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias, Walter López Báez.
En un foro, con el tema “Agricultura de la mano con la conservación”, explicó que Chiapas ha sido testigo de pérdidas de vidas humanas por derrumbes e inundaciones en las épocas de lluvia.
Además que se enfrenta a otros problemas, como la gestión del drenaje para la producción agrícola en áreas específicas, la operación de la generación de energía eléctrica y el control de avenidas en la época de lluvias.
Por lo cual, “el reto es muy diferente al resto del país; nosotros estamos en Chiapas, un estado muy lluvioso con seis centrales hidroeléctricas y generamos alrededor del 40 % de toda la energía eléctrica del país”.
Y agregó que “es una dinámica muy distinta de la que existe en el territorio; por ejemplo, en la época de lluvias, al norte del país los excesos de precipitación son captados en los embalses de las hidroeléctricas; pero si aquí se desfogan las presas de Chiapas, se inunda Tabasco y empezamos a tener una serie de complicaciones”, destacó.
Problemas en las cuencas
Asimismo, resaltó que hay diversos problemas de “gravedad” con respecto a los balances hídricos en la entidad, los cuales se ven acrecentados en la época de lluvias y propiciados, principalmente, por la eliminación de la cobertura vegetal.
Explicó que el balance hídrico se basa en tres elementos: precipitación, transpiración e infiltración; este último es fundamental para el almacenamiento del agua, porque “cuando llueve, va a depender mucho de la cobertura que tenga el suelo y de ahí tiene dos caminos: una es infiltrarse y el otro es escurrir superficialmente”.
Si bien esto también depende de la orografía, hay una importancia en la injerencia humana y “del manejo que se le está dando a las cuencas y a la cobertura vegetal, pues entre más plantas acompañen al afluente habrá más filtración de agua, y por ende, más almacenamiento”.
Si esto permitirá que en época de sequía los ríos no se sequen y se mantengan bajo un flujo constante, no obstante, si no hay infiltración y no existe cobertura vegetal, “todo va a escurrir”.
Un ejemplo es el caso de Tuxtla Gutiérrez, “con el Sabinal, que es una cuenta urbana, hay mucho cemento sobre los caminos, los afluentes están pavimentados con escasas islas de vegetación; con una lluvia pequeña y todo escurre y genera el grado de colapso en las zonas bajas de la ciudad”.
Acotó que las “cuencas deforestadas en zonas rurales producen inundaciones por la falta de cobertura vegetal, además de un arrastre de sedimentos que puede generar daños a las comunidades o campos agrícolas”.












