El voto electrónico pareciera una solución en el contexto de aislamiento social, sin embargo, hay que reflexionar si el sistema electoral del estado está preparado para tal alternativa, manifestó la consejera electoral del Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC), Sofía Margarita Sánchez Domínguez.
Explicó que nuestra vida cotidiana está rodeada del uso de tecnologías de la información y comunicación, pero en materia electoral se tiene que ir con más cuidado porque implica romper paradigmas culturales, respecto de la certeza que pueden dar los resultados por esta vía.
Actualmente es una alternativa factible el voto electrónico. Las condiciones de aislamiento social obligadas por la pandemia han evidenciado a las herramientas tecnológicas en la comunicación humana, pero sobre todo como una alternativa para continuar con las actividades laborales en el sector público y privado.
Mencionó que en octubre, en las elecciones de Hidalgo y Coahuila se utilizará el voto electrónico a través de una interfaz (urna electrónica), con tres modelos previamente desarrollados, por lo que este es el contexto más propicio para fomentar la reflexión que enriquezca los argumentos sobre las ventajas y desventajas del mismo.
Apuntó que las primeras iniciativas del voto electrónico datan desde inicios de los 90, en Bélgica desde 1991, país pionero en el tema; en Brasil desde 1995, en India desde 1997, en Inglaterra y en Estados Unidos desde el 2000; en Francia y Argentina en 2003; en Holanda y Venezuela en 2004, en Estonia en 2005.
En cada nación esta modalidad cuenta con características propias acordes a su cultura democrática, con base en los recursos disponibles y necesidades a cubrir, legal, electoral y poblacionalmente.
Algunas entidades del país han puesto en práctica pruebas piloto para la instalación de las urnas electrónicas y el voto por internet. En el 2003 en la Ciudad de México, en el 2004 en San Luis Potosí, en el Estado de México, mientras que en otros se ha establecido como modalidad real para la recepción de la votación; Coahuila en 2005, Jalisco en 2006.
Refirió que en Chiapas ya se dio una experiencia en el 2012 para la elección del diputado migrante, “por cierto desastrosa”, que llevó incluso a la desaparición de dicha figura.
La consejera añadió que para que un sistema sea efectivo debe garantizar su óptimo funcionamiento en la parte técnica, pero también debe ser aceptado por sus usuarios, partidos políticos y por la ciudadanía. Sin duda ofrece ventajas como mayor rapidez en la votación y en los cómputos, precisión en los resultados, se reduce la carga a los funcionarios de casilla, es más ecológico, mayor accesibilidad, ahorro presupuestal; pero tiene que garantizar principios de certeza, transparencia y confianza.
Los mecanismos de participación como el voto electrónico tienen problemas de seguridad, ya que su vigilancia genera tensión entre los actores políticos, además se debe cuidar que se evite el deterioro de la confianza ciudadana, que ha costado tantas décadas en el país.












