En días recientes, en redes sociales y otros medios de comunicación circuló la fotografía de un joven tocando el violín. Se trata de un adolescente indígena, vendedor de golosinas que sobreponiéndose a las adversidades aprende a tocar el instrumento y aspira a ser músico profesional.
Cuarto Poder se dio a la tarea de acercarse al joven y exponer ante los lectores su historia de vida, deseos y carencias.
Por lo anterior, hoy sabemos que el joven talento tiene 16 años y se llama Arnulfo López Díaz. Procede del municipio San Juan Chamula, y desde hace dos años vive en Tuxtla Gutiérrez, junto a su hermano menor.
López Díaz comentó que al igual que muchos “chicleritos”, actualmente no estudia, sin embargo, expresó su deseo de cursar la preparatoria. Desafortunadamente debido a la falta de dinero, es un sueño que aún no puede cumplir.
En tanto, el alquiler del techo le cuesta 600 pesos mensuales. La comida, al igual que su trabajo, resultan itinerante, es decir, come donde puede y lo que le alcance, cuidando al mismo tiempo de su hermano.
A los cariños de la familia, López Díaz dice regresar cada vez que tiene tiempo. Actualmente trabaja y estudia música, por lo que las visitas a su lugar de origen cada vez son más distantes.
El violín
Entre el canto del mariachi y el sonido de los instrumentos, Arnulfo se dijo interesado por aprender a tocar algún instrumento musical, siendo el violín el artefacto que más gustó.
López Díaz dijo que le “gustó el violín, quería uno. Nadie podía prestarme alguno, por lo que compré mi propio instrumento. Me costó dos mil pesos…”
Para aprender a tocar el violín los mariachis del Parque Santa Cecilia ofrecieron darle clases a Arnulfo, pero ante las ocupaciones del grupo musical, el joven decidió ingresar a la Orquesta Sinfónica Esperanza Azteca, donde hasta el momento tiene tres meses, aprendiendo escalas.
Todo lleva tiempo para aprender, resaltó López Díaz, por lo que entiende que el violín es un instrumento difícil de estudiar, sin embargo, no descarta la idea de algún día llegar a tocar como Niccoló Paganini. Hoy solo se conforma con llegar a ser un músico y buen violinista.
Un día normal
“Me levanto a las seis de la mañana, me voy a la escuela, regreso a las 12:30 del día, me voy a trabajar, y paro hasta las 10 o 12 de la noche. Los días viernes, sábados y domingos trabajo todo el día, hasta las tres o cuatro de la mañana”, dijo López Díaz.
Arnulfo también declaró que antes de vender chicles, fue boleador de zapatos, posteriormente conoció el interés por la música instrumental, y aunque en un principio, vendía dulces, lustraba calzado y cargaba con el violín, pronto tuvo que dejar la caja de tintas, ya que no pudo con todo.
Las metas de superación que López Díaz sueña a diario, son ingresar a la licenciatura de música en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach), para lo cual antes debe cursar la preparatoria, por lo que es hoy su primer obstáculo a vencer en este largo camino.
Aunque las cosas se facilitarían si algún empresario, centro educativo o la sociedad ofreciera alguna beca escolar, recursos económicos para continuar sus estudios o algún empleo formal, aunque con el apoyo o sin él, Arnulfo seguirá intentando salir adelante junto a su hermanito.












