"Óscar Gutiérrez * CP. La Cañada, un macizo montañoso de selva baja caducifolia, poseedora de una diversidad de fauna y flora, que regula el clima de la zona, padece los daños ambientales de la creciente demografía, la deforestación y los cambios del hábitat, que ocurren en las inmediaciones de esta demarcación del Centro de Chiapas.
El paisaje forestal del pequeño cañón natural está cercado de viviendas, cabañas en construcción, instalaciones de Comisión Federal de Electricidad, de tierras de rastrojos, bancos de arena abandonados, lotes baldíos con anuncios de venta y rutas de acceso a los nuevos asentamientos habitacionales.
La Cañada resguarda un centenar de especies de mamíferos, reptiles, aves e insectos, árboles y plantas endémicas de la región.
En torno a este sitio ha girado la vida, las tradiciones, las costumbres, los mitos y las leyendas de sus habitantes.
Este territorio de biodiversidad es un reflejo de la crisis económica de las comunidades y ejidatarios, que aquejados por la falta de alternativas productivas, la infertilidad de las tierras para la labranza y el pastoreo, así como de empleos remuneradores, se desprenden de sus parcelas en busca de nuevas oportunidades de vida.
En los últimos diez años, pobladores de Álvaro Obregón y Viva Cárdenas vendieron más 60 hectáreas a familias y compradores de Tuxtla Gutiérrez y Cintalapa y otros municipios del estado.
Don Silverio es hombre de estas tierras. De ellas se ha nutrido en muchos sentidos. La necesidad lo obliga a vender las parcelas que por décadas pertenecieron a sus ancestros.
""Nos despojamos de la tierra porque ni produce ni sirve al pastoreo. Son rastrojos, que ahora vendemos a gente que viene de la capital, que construye sus viviendas y cabañas de fin de semana"", señaló.
En uno de los recodos de El Paraje, don Silverio colocó un anuncio de venta de sus últimas tres hectáreas.
Explicó que este cruce fue durante años parador de descanso de arrieros y comerciantes que recorrían la ruta de Mezcalapa.
""Por estos caminos aparecía El Sombrerón y la Mala Mujer; hoy, la falta de lluvias y los daños a los montes cambiaron el clima y aumentaron el calor"", lamentó el anciano.
El dinero obtenido de las ventas de las tierras, permite que algunos ejidatarios adquieran vehículos para el transporte y el comercio de frutas y abarrotes. Otros liquidan sus deudas, se alojan por algún tiempo con familiares y parientes, luego se emplean como jornaleros y peones de albañil para continuar la existencia diaria.
Don Rosendo es oriundo de la colonia Miguel Hidalgo. Aseguró que al desprendimiento de las tierras se añade la impotencia contra los ""coyotes"" que revenden las superficies adquiridas: ""Compran mucho y barato, luego los recolocan bien caro"".
Los campesinos identificaron como intermediarios a Enrique Hernández, Arturo Núñez y Julio Isaac.
El biólogo y maestro en ciencias, Carlos Guichard Romero, advirtió de los daños ambientales causados por la deforestación y sobre población en los alrededores de La Cañada.
El especialista en fauna y flora destacó la importancia de construir viviendas afines al entorno natural que contribuyan a preservar el microclima templado y lluvioso, que se origina en el núcleo del macizo selvático, que es atravesado por la carretera que enlaza la ciudad capital con municipios aledaños.
""La deforestación y el cambio de los suelos, propiciado por las edificaciones de concreto, los accesos asfaltados, así como el tránsito permanente de vehículos, laceran el subsuelo y ahogan los mantos freáticos que dejan de fluir y al final se secan, con todas las consecuencias que esto conlleva"", alertó el científico.
El ex director del zoológico Miguel Álvarez del Toro (Zoomat) explicó que la fauna es la primera en resentir el daño ambiental al perder el hábitat y los espacios de supervivencia y reproducción.
""La destrucción de la flora y la penetración demográfica ahuyenta, vulnera y extingue ejemplares de especies que por siempre han convivido en La Cañada"", puntualizó.
Las primeras construcciones de casas residenciales y cabañas suntuosas a lo largo de la ruta de La Cañada, iniciaron en la década de los 80 con la creación del exclusivo fraccionamiento Don Ventura en el ejido Viva Cárdenas.
El lugar es habitado por familias de políticos, funcionarios de gobierno y empresarios de Tuxtla Gutiérrez, que, a decir de los ejidatarios, fueron a ""refugiarse"" en la generosidad del clima natural sin importarles la ruptura del entorno ambiental ni las condiciones de sobrevivencia de los moradores originales.
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