Como ver las estampas del juego de lotería, como hojear un libro de arte del taller de la gráfica popular de inicios del siglo XX, y como un reencuentro de amigos.
La iconografía popular más clásica -parachicos, el valiente, la guadalupana-, la vida y la muerte reunidas en una serie que casi a gritos celebra “la paz, el amor, y la justicia…”
Enrique Díaz va y viene de la península a la tierra zoque, de aquí es y de aquí será, ésta es sin duda alguna la serie más reciente en la que confluyen dos de sus vetas más fuertes: la ecologista y la ideológica.
Enrique es sabedor de lo que ha costado a Chiapas los conflictos no resueltos, vivió de cerca los más aciagos 90’s. Registró en sus grabados y sus murales el grito esperanzado pero también la atroz resignación del silencio.
“Con lo que tenemos a la mano podemos construir un mundo nuevo; con la basura podemos hacer arte y expresar lo más profundo de nuestros sueños, de nuestros miedos y lo que no podemos describir con palabras, sin sueños no hay arte…”, menciona.
La serie que este martes fue abierta en el museo de la ciudad está hecha -literalmente-, de basura, cajas de cartón recuperadas de la basura, la iconografía de la sociedad de consumo y el marketing son convertidos por Enrique en un nuevo mundo, en una nueva utopía.
Sin pinceles finos, sin pigmentos importados y sin lienzos de lino, lo importante es el contenido, el fondo se impone al soporte.
La obra de Enrique Díaz deja la sensación de que mejores mundos son posibles, pero también deja la convicción de que sin trabajo real y cotidiano, toda ideología, es sólo discurso.












