En Tapachula, la devoción a san Judas Tadeo, conocido como el santo de las causas difíciles y desesperadas, continúa aumentando en Tapachula; este 28 de octubre, catalogado como “el día grande”, cientos de fieles católicos desbordaron en el templo de la 15 oriente entre central y primera norte.
Desde el inicio de la novena se escuchaban cuetes y juegos pirotécnicos en los rezos por distintos puntos de la ciudad.
Minutos antes de iniciar este 28 de octubre, el día de San Judas Tadeo, uno de los santos más venerados en México, empezaron las celebraciones que se prolongaron durante la madrugada y el día, adornando los altares con veladoras, ofrendas florales y oraciones para agradecer favores concedidos y pedir por nuevas intenciones.
Entre cantos, las tradicionales mañanitas, rezos y plegarias, los tapachultecos abarrotaron el templo, donde la imagen del apóstol lució adornada con flores y luces; en todo momento los fieles esperaron turnos para poder acercarse, tocar su imagen y encomendarse a él.
Testimonio
Doña Karla llegó desde muy temprano a la Iglesia a cumplir su promesa, ya que afirmó que hace un año su hija fue diagnosticada con una enfermedad peligrosa, “una de esas que le cambia la vida a una familia de golpe”.
“Cuando los doctores me dijeron lo que tenía mi hija, sentí que el mundo se me venía abajo”, relató.
Pero doña Karla no se quedó con el diagnóstico, desde el primer momento, dice, puso la vida de su hija “en manos de Dios y de san Judas Tadeo”, rezaba todos los días, prendía su veladora, le pedía con toda su fe que intercediera por ella.
“Yo le dije: san Juditas, tú que eres el abogado de los casos difíciles te encomiendo a mi hija”, abundó.
“Y el milagro ocurrió, tras encomendarla y llevarla a los estudios médicos definitivos, los doctores me dieron la noticia que nunca esperé: la enfermedad había desaparecido, no había rastro y los estudios salieron limpios”.
Don José es diabético, como muchos en el Soconusco lleva años luchando contra la enfermedad, pero hace poco más de un año una pequeña herida en el pie se le complicó y la infección avanzó; los médicos fueron contundentes: había que amputarle la extremidad, “me dijeron que ya no había más que hacer, que me iban a cortar el pie”, contó.
Detalló que desesperado, hace exactamente un año, el 28 de octubre acudió a la parroquia de San Judas Tadeo, se arrodilló y le pidió “con toda su alma que no le quitaran el pie, que le permitiera seguir caminando, trabajando”.
Indicó que la herida, contra todo pronóstico médico, comenzó a cerrar, la infección cedió y su pie se salvó.
“Es un milagro, Dios me hizo el milagro a través de San Judas Tadeo, por eso estoy aquí, porque hoy conservo todo el cuerpo completo”, finalizó.












