Erradicar el trabajo infantil sigue siendo un reto para los gobiernos federal y estatal debido a que miles de niños siguen trabajando en las calles para llevar el alimento a su hogar.
En Chiapas el año pasado la entidad obtuvo a través de la Secretaría del Trabajo un reconocimiento al informar que más de 32 mil 754 niñas, niños y adolescentes habían dejado de trabajar, pero la migración de infantes de las zonas indígenas aumenta y, por tanto se eleva el número de niños que salen a la calle a ganarse la vida con la venta de artesanías, chicles, flores, entre otros.
En los últimos meses más niños indígenas pueden observarse en los parques de la capital del estado ofreciendo artículos artesanales, bolsas, carteras, pulseras y en los cruceros vendiendo flores de gardenía, otros con la cara pintada de colores, que apenas alcanzan los seis años pero piden una moneda para tener alimento, pese a que los tratados internacionales exigen que los gobiernos garanticen a los menores el derecho a la salud, educación y vivienda.
En la capital del estado se concentra la mayoría de personas que emigran de distintos municipios de la entidad en busca de mejores oportunidades de vida, lo hacen vendiendo artesanías pero en muchos casos apenas pueden costear la asistencia básica sanitaria y una comida al día consistente en frijoles y huevos, no van a la escuela y dos de cada cinco abandonan la escuela sin saber leer, de acuerdo a estadísticas del INEGI.
Rosa tiene 12 años, no terminó la educación primaria, apenas habla algunas palabras en español; vende carteras y bolsas que van desde los 25 hasta los 120 pesos, señala que junto con su familia emigró de su pueblo natal, en San Juan Chamulla; y ahora se dedica a lo único que sabe, vender artesanías.
Asegura que rentan un pequeño cuarto en Patria Nueva y apenas les alcanza para una comida al día que se basa en frijoles, huevos y tortillas, debido a que las ventas son bajas y no pueden gastarse todo el dinero de la venta ya que necesitan guardarlo para comprar material y elaborar su producto cuando este termine.
Hilda es otra menor de edad que vende gardenias. Ella afirma que su familia se dedica a esta actividad desde hace mucho, tampoco va a la escuela y tiene que terminar hasta el último ramo de flores blancas para poder regresar a su hogar.
La ONU obliga a los Estados a respetar, proteger y garantizar el ejercicio de los derechos civiles y poli´ticos, econo´micos, sociales y culturales de todas las personas menores de 18 an~os de edad, independientemente de su lugar de nacimiento, sexo, religio´n, etnia, clase social, condicio´n familiar, pero en México las estrategias para el combate a la pobreza no han podido combatir el trabajo infantil.
Cabe recordar que Me´xico ratifico´ la Convencio´n sobre los Derechos del Nin~o el 21 de septiembre de 1990, por lo que quedo´ obligado junto con las entidades que lo conforman a adoptar todas las medidas administrativas, legislativas y de cualquier otra i´ndole para dar efectividad a los derechos reconocidos en ella a favor de todos los nin~os, nin~as y adolescentes en el pai´s.
De acuerdo a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, en el país ocho de cada 100 nin~os, nin~as y adolescentes trabajan; 14.0% tienen de 5 a 11 an~os de edad y 53.3% adema´s de trabajar, estudia y realiza quehaceres dome´sticos.
Datos de la Encuesta Intercensal del INEGI indican que en México residen 39.2 millones de nin~as, nin~os y adolescentes de 0 a 17 an~os de edad, lo que en te´rminos porcentuales representa 32.8% de la poblacio´n total.












