Llegaron a Chiapas en el 2005 con el propósito de brindar apoyo psicológico a niñas, niños y adolescentes afectados por el Huracán Stan.
A 14 años de este trágico acontecimiento natural, la organización no gubernamental Save of Children continúa ayudando a esta población vulnerable en este estado fronterizo de México, no sólo en casos de desastres naturales, sino también de fenómenos sociales que están dejando secuelas igual o de mayor profundidad para muchos menores; es el caso de la migración infantil.
Los flujos migratorios que desde el 2018 se han incrementado en la frontera sur de Chiapas, han encendido las alertas por parte de estas agrupaciones sin fines de lucro, debido a los riesgos a los que se exponen niñas y niños que recorren solos las denominadas caravanas procedentes de Centroamérica.
Desde la primera caravana que ingresara a México y las que se han sumado hasta el día hoy, se estima que por la Frontera Sur
han ingresado más de 10 mil migrantes, de los cuales poco más de dos mil 300 son menores.
En su caminar, los menores enfrentan una serie de peligros, como son: accidentes, robos, agresiones, y en el peor de los casos abusos físicos.
Se ha documentado que en el trayecto, estos infantes pierden sus calzados, además de dormir al intemperie y de no ingerir alimentos por varias horas.
Otro problema es la falta de espacios para atender de manera adecuada a los cientos de niños que llegan solos o acompañados de sus padres.
A través de los denominados “espacios amigables”, que son instalados en diversos albergues, Save of Children otorga apoyo emocional a niñas, niños y adolescentes migrantes que arriban a municipios fronterizos como es el caso de Tapachula y Suchiate.
El panorama para muchos niños migrantes que llegan a la Frontera de Chiapas es incierta, pues por un lado los que van acompañados deberán de seguir junto con sus padres el inevitable éxodo hacia el norte del país, mientras que aquellos que lo hicieron solos, tendrán que seguir enfrentando abusos a lo largo de su trayecto con el riesgo de caer en las redes de grupos dedicados a la explotación infantil.












