"Al margen de cualquier opinión, la decisión de bloquear el debate sobre una propuesta de reforma energética parece haber sido una victoria para Andrés Manuel López Obrador y una humillación, tal vez temporal, tal vez permanente, para sus adversarios dentro y fuera del quebrantado PRD.
Pese al rechazo público y el cuestionamiento de la mayoría de la población, las tácticas del líder se impusieron y no sólo humilló a Los Chuchos dentro del PRD, sino que obligó a una ""retirada estratégica"" de los líderes de la mayoría en el Congreso.
Para AMLO, que no tiene representación popular, y sus fieles, sería difícil pedir más: imponer las reglas y los temas, por encima de instituciones y aun de la aparente mayoría.
Para el PAN y su liderazgo en las Cámaras, se trata de una derrota, toda vez que no sólo puso de relieve sus limitaciones y su falta de estrategia ante acciones que incluso sin ser anunciadas eran previsibles y que los hace depender del PRI.
Cierto que la timidez del senador Santiago Creel no puede suplir la también considerable prudencia del Ejecutivo, pero a fin de cuentas, como partido en el poder y la mayor minoría legislativa, el PAN tiene la obligación y la necesidad de encabezar, no de seguir.
La falta de quehacer político del PAN ayudó a dar un triunfo a las tácticas de presión usadas por legisladores del PRD, pero tampoco es la primera vez que el PAN parece más el miembro menor de una coalición que el partido que logró acabar con la hegemonía del PRI.
Y como feroz ironía, hoy son en el PRI y su experiencia los mejores garantes de la institucionalidad que en gran medida ayudaron a crear en décadas de lo que muchos consideraron como una ""dictablanda"".
De cualquier manera, muchos en el mundo político auguran el regreso del PRI al poder, de una forma o de otra. Por la forma en que actualmente se comporta el PAN, ese retorno sería más bien la formalización de una realidad.
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