Balance de un trienio

"José Luis Méndez * El Universal. A pocas semanas de las elecciones de julio de 2009, bastante tinta ha corrido ya sobre sus resultados, causas y consecuencias. No es para menos: el descalabro sufrido por Felipe Calderón fue mayúsculo, una noche triste para un político que, para bien o para mal, nunca ha ocultado su carácter guerrero.

Hay de todo en los análisis presentados. Ofrezco aquí el propio, que desea brindar una visión acaso más balanceada.

Para ello, creo que el mejor punto de partida es El poder presidencial, de Richard Neustadt (escrito para el régimen presidencialista estadounidense, ya no muy lejano de nuestras actuales vicisitudes). Con la obvia injusticia para un libro de cerca de 300 páginas, diría que su idea central se resume así: el poder presidencial se construye estratégicamente, tomando las decisiones que van sumando poder y ampliando, no reduciendo, el margen de maniobra. Desde esta perspectiva, zqué aciertos y qué errores podemos adjudicarle al gobierno de Felipe Calderón?

Cuentan, por el lado de los aciertos, dos primeros anos en los que el Presidente guió su relación con el Poder Legislativo precisamente por una visión estratégica, para obtener reformas que, si bien aún están lejos de las que el país necesita, aumentaron el poder de negociación y mejoraron la maltrecha imagen presidencial: la reforma fiscal, la energética, la de seguridad, la del ISSSTE. Cuenta también la decisión de la contingencia sanitaria a raíz del virus de la Influenza, sin duda costosa pero a la postre positiva. Cuenta una actitud usualmente republicana, poco dada a los excesos imperiales que tanto hemos sufrido. Cuenta una primera dama que ha sabido ubicarse. Cuenta, en fin, una política decidida, incluso valiente, contra el narcotráfico y el crimen organizado.

A reserva de algunos otros posibles aciertos, pasemos ahora a los errores. Pongo en primer lugar lo que ningún político puede permitirse: la impulsividad y el extravío, acaso derivados de un aire de suficiencia que por momentos se antoja excesivo. Dos, un staff presidencial y un gabinete en el que parece que la lealtad terminó por apagar la capacidad y el consejo directo y plural, ése que ofrece alternativas y resalta riesgos. En otras palabras, un staff y un gabinete cercanos pero que, todo lo contrario a lo prescrito por Neustadt, poco han ayudado a su jefe.

Tres, una burocracia media que, como en toda democracia moderna, debió haberse desarrollado crecientemente bajo los principios del profesionalismo, la eficacia e igualdad de oportunidades establecidos en la nueva Ley del Servicio Profesional de Carrera, pero en la que los nombramientos de militantes o amigos predominaron sobre los de profesionales (según los reportes de la Secretaría de la Función Pública, los nombramientos discrecionales sumaron casi 7 mil sólo en 2007 y la primera mitad de 2008; así, debiendo por ley ser la excepción, han sido más del doble de los concursados). Cuatro, como dijo Calderón, la ""pérdida del partido por ganar el poder"", que ha dejado a su organización erosionada y dividida. Cinco, el lastre de la alianza con los ""poderes fácticos"" (SNTE, etcétera), verdadera minoría rapaz que tiene al país en la lona. Seis, políticas públicas poco efectivas, como la económica, la social, o la de seguridad (que ha tenido muchos costos y pocos resultados). Y, por último pero no al último, una pésima estrategia electoral, que sólo sirvió para tensar el ambiente político. Todas ellas decisiones que, en lugar de abrirle el camino, metieron más y más al Presidente en un callejón sin salida.

No hay necesidad de abundar sobre el saldo: los resultados de la elección hablan por sí solos (bueno, a menos que se insista en tapar el sol con un dedo). Interesa más terminar con un par de párrafos sobre los riesgos y oportunidades.

De los primeros, uno es obvio: tres anos más para el país de democracia dividida, por no decir demoesclerosis, en un contexto globalizado en el que quien no avanza retrocede. zOportunidades? Si nos ponemos optimistas, quizá la de un golpe de timón que reencauce el barco del Estado con una tripulación capaz y profesional, una visión que no piense en la próxima elección sino en la próxima generación y unos aliados políticos distintos a los poderes fácticos.

zEl objetivo? Mejorar las políticas públicas y construir escenarios de suma positiva, que permitan negociar algunas reformas, especialmente con el PRI (que de otra manera podría tratar de sacarlas junto con otros aliados). Idealmente, la primera de ellas debería ser una ""reforma para las reformas"", esto es, una nueva ingeniería institucional que transforme la democracia dividida y un tanto vacía que hoy tenemos en una democracia verdaderamente efectiva y representativa.

Lo sé: suena fácil; es difícil. Y más ahora, cuando lo más probable que suceda es que de nuevo los actores políticos se atrincheren en una calculada ""guerra de posiciones"", con la (falsa) esperanza de ganarlo todo en la siguiente elección. Sin embargo, el hecho es que si la clase política y el Presidente no rescatan la visión de Estado, en unos anos habremos pasado del tercer al cuarto mundo y estaremos preguntándonos, como me recordaba un amigo hace poco, junto al Zavalita de Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa: zcuándo se fregó México?



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