Barack y Felipe

Buen punto se anotó la diplomacia mexicana al conseguir que el primer encuentro bilateral del presidente electo Barack Obama fuese con el mandatario de nuestro país. Esto simboliza la prioridad que confiere Estados Unidos a su vecino del sur.

Lo han dicho muchos académicos y políticos estadounidenses, no hay otro país que incida más sobre la vida cotidiana de EU que México. Los datos son de sobra conocidos: más de un millón de cruces legales al día, más de 400 mil millones de dólares en intercambios comerciales, alrededor de 20 millones de paisanos viviendo en ese país, distribución de aguas en los ríos internacionales, un tráfico incesante de drogas de sur a norte y uno similar de armas de todos calibres de allá para acá.

México y EU, habría que darse cuenta de una vez, conforman un corredor regional de todo lo bueno y lo malo que cada país puede ofrecer.

Durante las conversaciones en el magnífico Centro Cultural de México en Washington, el punto clave estará en aprovechar la mente fresca con que llega Obama a la Casa Blanca para plantearle la construcción de una agenda nueva, de alcance regional y con una visión a 20 anos. Si el punto de partida es la vieja cantaleta de la migración y las condiciones laborales de los paisanos en EU, la relación bilateral quedará una vez más a merced de las viejas manas e intereses del Congreso, perdiendo de paso la oportunidad de abrir una nueva era de vinculación con el Ejecutivo en temas, francamente, más importantes para el futuro de México.

El asunto más urgente, inevitable, es el de estructurar una colaboración inteligente y eficaz en la lucha contra narcotráfico y crimen organizado. La batalla que se está dando en México será infructuosa mientras EU no haga su parte para impedir que las armas que se producen y venden en ese país lleguen al nuestro.

En la zona fronteriza del lado estadounidense hay cerca de mil 200 armerías que nutren a las bandas criminales de México. Más que los apoyos logísticos y de entrenamiento que ofrece la Iniciativa Mérida, lo que se requiere es que ellos controlen a esos vendedores de armas y, más aún, que aunque sea por una vez desmantelen a alguno de los grandes cárteles de drogas que operan en EU. Obama es del sur de Chicago: debe saber bastante de ellos. Mientras los vecinos consuman anualmente 300 toneladas de cocaína, el único resultado que podemos esperar del lado mexicano es la proliferación de la violencia y del saldo rojo que observamos con terror todos los días. Por la lucha que libra, el presidente Calderón posee credenciales impecables para exigir que su colega de EU actúe con la seriedad del caso contra las bandas de narcotraficantes que operan en su país. De no hacerlo así -habría que decirle- la crisis de seguridad pública de México se desbordará inevitablemente hacia el lado estadounidense. De hecho ya está ocurriendo, muy senaladamente en Arizona, donde crece la industria del secuestro.

Más allá de este tema obligado, será hora de introducir los grandes asuntos de Estado. Actualmente, casi todo lo que le conviene a México le conviene a EU. Si se analizan con cuidado, las agendas no son antagónicas, son complementarias. zQué estrategia -junto con Canadá- conviene aplicar para que América del Norte pueda hacer frente a la competencia de las grandes potencias asiáticas, qué instituciones regionales deberán crearse para proteger el medio ambiente común (el río Bravo aún no se da cuenta de que es frontera), conviene desarrollar una estrategia energética y de biocombustibles para la zona (más allá de que 40% de la gasolina mexicana se refine en Houston), un plan de infraestructura moderna y digna en los cruces fronterizos que hoy son vergonzosos cuellos de botella, fondos y mecanismos para investigación científica y tecnológica, impulsar sistemas conjuntos de inteligencia que garanticen la paz y la seguridad en América del Norte?

Estos son algunos de los asuntos que, deseablemente, conformarán el menú que México y EU compartan en esta y la próxima década. En el fondo, dos hombres jóvenes como Felipe Calderón y Barack Obama deberán ser capaces de mirar por encima de los tabúes y los corsés de la historia, para escribir la mejor página de las relaciones bilaterales. Ya es hora.