Beltrán| trofeo de la Marina

"Durante los cuatro años de combate al crimen organizado que lleva ya esta administración la Armada de México había jugado un papel discreto en comparación con el Ejército, de ahí que sorprenda que uno de los operativos más destacados de esta cruzada antinarco tuviera como protagonistas a los efectivos de la Marina, sobre todo si tenemos en cuenta que el evento tuvo lugar lejos de las costas del país, en la muy continental ciudad de Cuernavaca, Morelos.

Varias son las posibles respuestas que explicarían el porqué no fue el Ejército ni la Policía Federal quienes segaron la vida de Arturo Beltrán Leyva, líder del cártel de los Beltrán y quien se hacía llamar a sí mismo ""El jefe de jefes"". Para el que observa con interés los detalles de la pugna entre el Estado y los criminales organizados tiene sentido explorar tres distintos escenarios en este asunto.

Primero, que la Marina, por sus frecuentes maniobras en el Pacífico mexicano, sostiene una estrecha relación con las autoridades de Colombia, que conocían de tiempo atrás el vínculo entre narcotraficantes colombianos y los Beltrán Leyva. De ahí que sea plausible suponer que la ubicación exacta de ""El Barbas"", como también se le conocía a Arturo Beltrán, haya llegado a la Armada de México vía sus colegas sudamericanos y que, por su parte, la Marina nacional haya optado por mantener secrecía sobre el operativo a efectuar.

Un segundo escenario, similar al anterior, implica la excelente relación que de tiempo atrás tienen los más altos mandos de la Marina con las autoridades militares de Estados Unidos. Basta recordar que hace apenas dos semanas el secretario de Marina, Francisco Saynez, se tomaba fotos en Washington con la jerarquía de las instituciones de seguridad estadounidenses. Es a partir de dicho vínculo que cabe el escenario donde la pieza de información que permitió el exitoso operativo proviniera de los vecinos del norte, confiados ellos, a su vez, en el sigilo y la eficacia de la Armada de México.

Una última explicación, que no es incompatible con las dos anteriores, llevaría a concluir que la actuación de la Marina se deriva de los fracasos tanto de la Policía Federal como del Ejército al intentar capturar a Arturo Beltrán. En consecuencia, desde el más alto mando en México se habría encomendado a la institución dirigida por Francisco Saynez tomar el relevo. Sobre todo bajo la presunción de que ahí las fugas de información son menores, la línea de mando es más eficaz y -con la cautela de afirmarlo- no es tanta la penetración criminal.

Resulta imposible a partir de la opinión pública concluir cuál de estas respuestas explican el protagonismo inusual de la Marina; sin embargo, no hay duda de que este golpe militar a la delincuencia organizada tiene como méritos la sana relación con las autoridades extranjeras y la cohesión institucional. Desde ahora la Armada tendrá mayores argumentos para presentarse como pieza clave en la lucha antinarcóticos. (El Universal)

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