Benedicto XVI

EL nuevo Pontífice, heredero de Pedro y conductor de mil millones de creyentes de la Iglesia Católica Apostólica Romana, es el sacerdote alemán Joseph Ratzinger y a partir de ayer Benedicto XVI.

Se trata de un Papa de 78 anos de edad y, por tanto, no se espera un pontificado largo. El hombre que hoy ocupa el lugar que a su muerte dejó el carismático Juan Pablo II es senalado como conservador y quizá, para algunos, hasta doctrinal. El presagio de endurecimiento en el dogma católico para algunos ya está en puerta. En todo caso, falta saber cuál será la actitud del nuevo Papa una vez que sea ungido como jerarca de la Iglesia el próximo domingo en Roma.

Benedicto XVI tiene frente a sí una gran tarea con muchas ramificaciones. Una de ellas es la de enfrentar con pragmatismo los saldos pendientes del anterior pontífice.

Joseph Ratzinger tendrá que hacer frente a un creciente fenómeno de deserción de muchos fieles y pensadores católicos que sienten que su Iglesia se ha alejado seriamente de la búsqueda de la justicia en este mundo y en contraposición se identifica con intereses poderosos sin dar respuesta a los dilemas esenciales que plantea la sociedad moderna a los católicos comunes y corrientes, y muy en particular a los más humildes y necesitados.

El problema de las iglesias vacías y el de muchos seminarios desiertos en el mundo es, en gran parte, el resultado del gradual desencantamiento de los creyentes. De hecho, algunos piensan que esta situación se debe a las decisiones impulsadas por Ratzinger desde la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la que fue prefecto, y desde donde también se opuso a todo tipo de control artificial de la fertilidad, a la legalización del aborto, al sacerdocio de las mujeres, a suprimir el celibato de los sacerdotes y a aceptar el estilo de vida de los homosexuales.

Como brazo derecho de su antecesor, Ratzinger fue el impulsor de la condena contra los teólogos de la liberación, simpatizó poco con órdenes religiosas que pregonan el avance y el conocimiento, como es el caso de los jesuitas, y se lanzó contra toda manifestación teológica que tenga como base la concepción de una historia profana, temporal y no una historia de la salvación del ser humano por la fe en Cristo.

Benedicto XVI debe, además, contener el avance de sectas e iglesias paralelas que ofrecen tranquilidad espiritual a una sociedad cada vez más carente de referentes cristianos.

Su reto consiste en revertir esa tendencia mundial desde el Vaticano, sin dar al traste con el ecumenismo impulsado por Juan Pablo II. Al interior de la Iglesia católica, como institución, también hay mucho por hacer. Él lo sabe, pues como cardenal pronunció severos discursos en contra de las desviaciones y vicios internos de la Iglesia romana.

Respecto a México, y al tercer mundo en general que es donde radica la mayor parte de católicos, se percibe una especie de desencanto con este nombramiento; la lectura que se hace a esta designación es la de que la Iglesia católica tendrá prioridades distintas a las de contribuir al abatimiento de la miseria, la injusticia y el desequilibrio social e internacional. En todo caso, vale esperar que estos presagios sean diferentes y el compromiso del nuevo Papa sea el de fortalecer la fe católica y el de acudir al llamado de quienes están en condiciones adversas. (El Universal)