En Tuxtla Gutiérrez circulan aproximadamente 300 mil vehículos (con una tasa de crecimiento de 5 mil carros nuevos por año), y un transporte colectivo saturado y decayendo, que vuelven a la bicicleta la opción más viable para la movilidad urbana en recorridos cortos.
Así lo aseguró Alejandro Mendoza Castañeda, secretario de Medio Ambiente y Movilidad Urbana del Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, al considerar que debemos volver a los tiempos del Tuxtla “bicicletero”, no por deporte ni por moda, sino por opción de movilidad.
“Antes de haber carro había bicis: éramos un pueblo bicicletero. Tenemos remembranzas en Terán, Patria Nueva, Plan de Ayala, que nos recuerdan que somos un pueblo bicicletero”, refirió.
“Ambientalmente hablando sí es necesario entender que el crecimiento nos demanda volver al uso de la bicicleta. Primero hay que romper el clasismo en el uso de la bicicleta, porque es un factor preponderante para que la gente no se quiera subir: ‘la bicicleta la usa el pobre’, subrayó.
Sin embargo, “la bicicleta es una alternativa para la movilidad en tramos menores a 7 KM, como dictan los manuales y todas las recomendaciones. Debe ser una alternativa tanto moverse a pie como moverse en bicicleta para los trayectos cortos”, apuntó.
Sin embargo, históricamente, en cualquier ciudad del país, cuando se empieza esta motorización, a involucrar al automóvil como algo de primera necesidad, le permite a las ciudades crecer a lo ancho, “pero también, a poner cada vez más lejos los centros satisfactores de necesidades básicas”.
No fue la industria del automóvil la que originó esto, pero sí facilitó este proceso de expansión de todas las manchas urbanas y con esta expansión se presentaron todos los problemas de complicación de movilidad, acotó.
El tuxtleco ya no camina
Mendoza Castañeda señaló que los tuxtlecos, los seres humanos en sí, “no nos damos cuenta que somos cada vez mas prisionero de estas cajas de metal para llegar de un lugar a otro, cuando en esencia el ser humano podría satisfacer sus necesidades simple y sencillamente, moviéndose a pie”, apuntó.
¿Los tuxtlecos ya no caminamos?, se le preguntó.
“No, y desgraciadamente nuestra falta de banquetas propias no ayudan. Ahorita se están incorporando criterios para hacer las banquetas un poco más caminables. Desgraciadamente la traza urbana ya está, la alternativa para caminar más es realmente mejorar lo que está, para que por lo menos sea parejo, constante, sin interrupciones”, respondió.
Mendoza Castañeda adelantó que para Tuxtla, el actual Ayuntamiento no piensa en crear ciclovías, sino en darle los mismos derechos a las bicicletas como si fuera un automóvil.
En principio, por el subsidio a la gasolina que se equipara a la asistencia para el combate a la pobreza y porque es una tendencia mundial: “en otros lados te están pagando porque la gente se mueva en bicicleta, así el gobierno deja de invertir porque la infraestructura se conserva mejor”, explicó.
“Y el bono extra: aparte de reducir las emisiones contaminantes, beneficia la salud, porque te activas físicamente, en los trayectos cortos”, indicó.
En la capital se hacen unos 500 mil viajes diarios, de los cuales, unos mil se hacen en bicicleta; ello a pesar de que el 33% de la superficie municipal tiene las pendientes menores al 4%, es decir, es óptima para andar en bicicleta y otro 22% tiene pendientes menores al 8%, que son las recomendaciones para ciclovías o vías ciclistas.
El titular de medio ambiente en Tuxtla admitió que pensar en una ciclovía es prácticamente imposible, sobre todo porque ahorcaría la circulación del centro; la propuesta es hablar de un carril compartido, aunque eso significaría más señalización, entrenamiento del ciclista y cultura vial.
“Por eso pensamos en un los niños, en desarrollar habilidades de movilidad urbana no motorizada, porque así tendrán un aprendizaje que les permitirá, en el futuro, decidir cómo moverse por la ciudad: si en bicicleta o caminando, que es mejor”, concluyó.












