La persecución que se da en Tamaulipas en contra de Los Zetas, grupo de sicarios del cártel del Golfo, parece rendir frutos, pues no sólo se ha desbaratado parte de su estructura administrativa, sino que ya se conocen incluso sus nexos de reclutamiento dentro de territorio estadounidense. Como efecto colateral, esta lucha parece haber generado una operación conjunta entre cuerpos de seguridad binacionales para cerrar la frontera al crimen organizado.
Los infaustamente famosos Zetas, surgidos de la deserción y traición de elementos de élite del Ejército mexicano, cooptados por el narco después de haber pertenecido a los Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales (GAFE), son uno de los mejores ejemplos del poder corruptor de los cárteles, que conformaron con ellos un grupo paramilitar de alta peligrosidad.
El cerco que se les ha puesto estos días abarca ambos lados de la frontera, pues ya cuenta con movilización de la Patrulla Fronteriza del lado estadounidense, y puede ser, al fin, un buen ejemplo de la tantas veces invocada cooperación bilateral entre México y Estados Unidos para combatir al crimen organizado.
Los peligros que acechan a la frontera común no se limitan a la presencia de Los Zetas, sino que abarcan asuntos de mayor envergadura, como el tráfico de armas, imparable a ambos lados, o el mismo cruce de estupefacientes con la complacencia de autoridades de distintos niveles, tanto de aquel como de este lado del río Bravo.
Por mucho tiempo México ha puesto los muertos y Estados Unidos los pretextos. Allá dicen que la corrupción mexicana es tanta que hace inviable cualquier operativo conjunto, pero basta revisar el sentido del flujo de armas -norte-sur- para suponer que nuestros vecinos tienen problemas similares a los nuestros en materia de honestidad administrativa.
Además, en lugar de colaborar en un cerco común a la criminalidad, en Washington el tema fronterizo se politiza, de tal manera que acaba criminalizando la migración laboral y no lo que de verdad pone en riesgo la seguridad regional.
Si el cierre fronterizo a los narcotraficantes es producto de una colaboración estrecha y coordinada, bienvenido. Esto habría entonces de servir de aliciente para ampliar los espacios de trabajo conjunto, intercambiar información e inteligencia, así como para después emprender acciones binacionales de mayor tamano.
De hecho la Iniciativa Mérida que se discute en el Congreso estadounidense, y que incluye ayuda a nuestro país hasta por mil 400 millones de dólares en los próximos anos, sería otro de los espacios de encuentro, siempre y cuando la cooperación no venga acompanada de condiciones inaceptables para la soberanía nacional.
México no se opone a sellar la región norte ni el hemisferio a criminales y terroristas, como lo demuestra su endurecimiento para revisar a pasajeros aéreos que provengan de Centro y Sudamérica. Lo que pide a cambio es que haya mayor compromiso y hechos concretos de parte de sus socios en esta lucha que hasta el momento es desigual. (El Universal).











