Un grupo de investigadores diseña estrategias de biofertilización para sustituir de manera gradual los fertilizantes sintéticos por “fertilizantes vivos” a partir de la propia microbiota local, buscando la soberanía alimentaria y sistemas de producción sanos y amables con el medio ambiente.
Así lo explicó el investigador Irving Oswaldo Velázquez, quien dijo que la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios contemporáneos se encuentra en una encrucijada crítica, donde el paradigma de la revolución —caracterizado por el uso indiscriminado de insumos de síntesis química— ha comenzado a mostrar sus límites biofísicos a través de la degradación acelerada de los suelos.
Frente a este escenario de vulnerabilidad ambiental y económica que afecta directamente al sureste mexicano, el académico encabeza un proyecto clave centrado en la bioprospección de microorganismos de interés agrícola para mitigar el impacto de los agroquímicos.
Tecnología viva del suelo
La bioprospección consiste en la exploración sistemática de la biodiversidad para identificar organismos con propiedades y funciones de alto valor biotecnológico.
El equipo científico liderado por Velázquez Ríos explora diferentes sistemas de cultivo y entornos naturales con el objetivo de aislar bacterias y hongos benéficos nativos que ya habitan en el suelo chiapaneco, garantizando así su adaptación al territorio.
El núcleo de la investigación no se limita al aislamiento de estos consorcios microbianos, sino a descifrar con precisión milimétrica qué funciones desempeñan dentro del ecosistema.
Los científicos centran su atención en tres procesos biogeoquímicos vitales para la vida vegetal y la nutrición de los cultivos. El ciclo del carbono: Indispensable para la retención de humedad, la estructura porosa y la fertilidad a largo plazo de la capa arable. El ciclo del nitrógeno: Proceso mediante el cual los microorganismos fijan este elemento atmosférico y lo transforman en una fuente asimilable para las plantas, reduciendo la necesidad de urea sintética.
Movilización de nutrientes esenciales: La capacidad metabólica de ciertos microorganismos para “desbloquear” minerales como el fósforo o el potasio que se encuentran fijados en la matriz del suelo, permitiendo su absorción radicular de manera eficiente.
Impactos positivos
Este cambio de paradigma genera un triple impacto positivo en el territorio: Ecológico: Mitiga la lixiviación de químicos hacia los mantos acuíferos y disminuye de manera significativa la huella de carbono asociada a la manufactura de fertilizantes químicos industriales.
Productivo: Regenera la estructura orgánica de la tierra, incrementando su resiliencia frente al estrés hídrico y optimizando el rendimiento de los cultivos a mediano y largo plazo.
Económico: Al potenciar la biodiversidad edáfica local, se reduce la severa dependencia económica que los agricultores mantienen con los costos de los insumos químicos importados, estabilizando la economía interna.
Recientemente, el equipo de investigación recibió un reconocimiento por la pertinencia social y el rigor científico de las investigaciones generadas en el Campus V de Villaflores, al trasladar la microbiología del laboratorio directo a los campos de producción de la Frailesca.












