Blair en el CE

"Cuando los votantes franceses y holandeses rechazaron la propuesta de Constitución para la Unión Europea (UE), el mundo supo que el proyecto europeo estaba en serios problemas. La intensa batalla acerca del futuro a mediano plazo del presupuesto de la Unión, ha confirmado con creces ese veredicto. También llevó a un triste fin la presidencia de seis meses del Reino Unido en el Consejo Europeo, confirmando la tradicional reputación de los ingleses como los ""bichos raros"" de la Unión Europea. Los dos acontecimientos están estrechamente vinculados. Los votantes franceses y holandeses no dijeron por qué votaron contra la Constitución. Pero muchos comentaristas creen que protestaban contra lo que percibían como la admisión precipitada de 10 nuevos Estados miembros, principalmente países mucho más pobres de Europa Central y del Este. En particular, los votantes tenían temor de perder sus empleos ante hordas de inmigrantes del este, lo cual se ejemplificó en una imagen citada una y otra vez en esos días, la del plomero polaco que cobra barato. La ironía es que la mayoría de los antiguos miembros se habían negado a dar a los miembros nuevos un acceso completo e inmediato a los mercados laborales occidentales. En todo caso era tarde para protestar, puesto que los 10 estados del este ya habían obtenido la membresía de la Unión.

No obstante, ahora los 25 Estados miembros deben afrontar las consecuencias financieras de esa ampliación, no sólo en cuanto al tamano del presupuesto de la UE para los próximos siete anos, sino respecto de quién paga y quién se beneficia. El problema central es cuánto están dispuestos a pagar los miembros antiguos para estimular las economías menos desarrolladas de los nuevos miembros. Finalmente ocurrió una batalla a tres frentes entre Gran Bretana, Francia y los nuevos Estados miembros. Tradicionalmente una gran mayoría del presupuesto se ha destinado a la agricultura o al desarrollo de las regiones atrasadas. En la práctica, esto ha significado grandes flujos de dinero ya sea a los grandes productores agrícolas como Francia, o los Estados miembros más pobres, como Grecia y Portugal. En ambos aspectos, los nuevos Estados miembros esperaban beneficiarse sustancialmente del sistema de la UE. En el pasado, el gran perdedor del sistema de la UE, en términos presupuestarios, era Reino Unido, ya que mientras la agricultura constituía dos tercios del gasto total de la UE, los británicos tenían un pequeno sector agrícola y, en consecuencia, recibían pequenos pagos por ese concepto. Los británicos se quejaron de lo injusto de estas reglas en vista del hecho de que Reino Unido era uno de los miembros relativamente más pobres; y en 1984 el gobierno de Margaret Thatcher exigió y obtuvo una enorme devolución sobre su contribución neta al presupuesto de la UE. Hoy la situación ha cambiado en tres aspectos importantes. Se ha comenzado a reformar la política agrícola de la UE y su par-te del presupuesto ha caído de más de 60 a 40 por ciento; durante varios anos Gran Bretana ha experimentado un crecimiento económico significativamente más rápido que el de los demás Estados miembros, por lo que ahora es uno de los países de la UE más ricos, incluso comparado con Francia y Alemania, y los nuevos Estados miembros son tanto más pobres que incluso el más pobre de los miembros antiguos, que tienen un innegable derecho moral a una generosa parte de cualquier presupuesto que se negocie. Cuando las negociaciones comenzaron hace seis meses, era el turno de Gran Bretana de asumir la presidencia del Consejo Europeo. Tony Blair, el primer ministro británico, electrizó al mundo de los políticos europeos al decir en el Parlamento europeo que era un ""pro-europeo apasionado"". Éste era un mensaje que los amigos europeos de Gran Bretana habían abrigado esperanzas de escuchar, y que habían estado esperando en vano desde la elección de Blair en 1997. Ciertamente, nunca había expresado un sentimiento así dentro de las islas británicas en los ocho anos anteriores.

Puesto que Gran Bretana había sido uno de los más insistentes promotores de la ampliación de la UE a los candidatos de Europa Central y del Este, se podría haber esperado que el gobierno de Blair hubiera deseado ser igual de generoso ante los recién llegados durante la conducción de las negociaciones presupuestarias.

Al principio, ésta parecía ser la táctica escogida por el gobierno británico. Contra todas las expectativas, logró una posición moralmente ventajosa al ofrecer renunciar a parte de su devolución presupuestaria, pero sólo si el resto de la Unión Europea (y Francia en particular) aceptaba hacer reformas fundamentales a la política agrícola de la UE. Fue necesario algún tiempo para que llegaran a comprender que, debido a que el presidente Chirac es un mandatario saliente y arrinconado que conservaba el puesto, pero no el poder hasta 2007, no estaba en condiciones de aceptar un trato como ése. De modo que cuando los británicos entendieron esta dura realidad, hicieron un lamentable papel en su manejo de las negociaciones, con una actitud pequena y egoísta, y con propuestas fuera de toda lógica, todo con la intención principal de proteger los estrechos intereses británicos y fundamentalmente a costa de los nuevos Estados miembros. Es un triste final para una presidencia iniciada hace seis meses con la afirmación de Blair de ser un ""pro-europeo apasionado"". Sin embargo, el texto completo de su discurso lo dice todo. Blair está a favor de Europa, pero no de esta Europa. Quiere ser parte de una Europa política, pero sólo si los demás Estados miembros siguen el modelo británico de reforma económica y social.

El problema es que las reformas política y social son responsabilidades exclusivamente nacionales y están fuera de las competencias de la Unión; si ha de haber una reforma política y social en Francia y Alemania, eso dependerá únicamente de los votantes y políticos franceses y alemanes. Podría ser un asunto europeo si la UE fuera una verdadera federación. Entonces, zes Blair federalista? ?Por cierto que no! Es nada más que un nacionalista irreflexivo que vive aterrado de la prensa amarilla nacionalista de su país. (El Universal).

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