"Priva en Estados Unidos e Inglaterra sendas víctimas del terrorismo internacional un natural interés por radicalizar las medidas de protección a su seguridad nacional. Sin embargo, dentro de las acciones consideradas se encuentran algunas que ponen en peligro la situación de los derechos humanos dentro de sus territorios, al plantear situaciones de excepción y, peor aún, de lo que llaman la ""flexibilización"" de los derechos humanos para detectar terroristas.
Ayer, Tony Blair, primer ministro inglés, dijo estar dispuesto a enmendar la ley de derechos humanos de su país, aun cuando se aleje temporalmente del Convenio Europeo que tiene firmado en la materia. Propone facilitar la expulsión de su territorio y endurecer la llegada a él de personas que difundan ""la ideología del mal"", a quienes instiguen el terrorismo y quienes tengan que ver con países que promuevan ""la agitación internacional"".
Ello implicaría, para efectos prácticos, detenciones discrecionales por parte de los cuerpos policiacos, arraigos preventivos de largo plazo y suspensión de algunas garantías individuales a petición de la autoridad, entre otras medidas.
Cabe recordar que Estados Unidos ha puesto en práctica modelos similares de política de prevención de ataques y de manejo policial de sospechosos y de presos acusados de terrorismo, que no sólo afectan a migrantes ilegales de origen mexicano y presos de guerra como los que tiene en cárceles de dudosa legalidad humanitaria, como la de Guantánamo, en Cuba, sino que afectan a los ciudadanos comunes y corrientes sobre todo los de culto islamista, quienes son víctimas de limitación de su libertad individual.
Por muy comprensible que sea el grado de alerta de ambas naciones para defender la integridad de su territorio y de sus ciudadanos ante un enemigo irracional como el terrorismo, es necesario no llevar las cosas al extremo de que, con ese pretexto, se conculquen libertades y se pretenda controlar a la sociedad con medidas que exacerben la xenofobia, el racismo y la violación de las garantías individuales.
Toda esta idea de ""flexibilización"" de los derechos humanos, que ha anunciado el senor Blair podría, asimismo, contaminar lo ya ganado en este aspecto en el resto de la Unión Europea, particularmente porque quien la preside este semestre es el primer ministro británico. ""Flexibilizar"" la defensa de los derechos de las personas es suspender las garantías individuales y dar paso a una deformada interpretación de la seguridad nacional.
Promover desde el Estado el odio ""al otro"", ""al diferente"", por el simple hecho de sospechar de su peligrosidad, nunca será la mejor manera de acabar con los conflictos internacionales. Al contrario, se podría estar institucionalizando el racismo y profundizando el odio entre culturas y entre seres humanos de todo origen.
En ese sentido, vale atender los diversos llamados que nuestro país ha planteado de manera formal en la Organización de Naciones Unidas, para que la lucha contra el terrorismo internacional no sirva de pretexto para que los estados extiendan sus sistemas de control de ciudadanos, se vuelvan promotores de persecuciones policiacas o limiten el libre tránsito por todo el mundo.
Estamos a tiempo de que la autodefensa a que toda nación tiene derecho se convierta en una poco ponderada venganza, que esté dispuesta a pasar por encima de cualquier cosa o vida humana.
Al terrorismo hay que focalizarlo y combatirlo con las armas de la diplomacia, la negociación y el entendimiento. Iniciar la espiral de la violencia y el odio es fácil, pero no es el mejor de los caminos. (El Universal)
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