"Estados Unidos tiene más de 12 millones de indocumentados, la mayoría de ellos son mexicanos. Impulsar su legalización pasa necesariamente por persuadir a la clase política conservadora de ese país y esa labor requiere más que simple voluntad. Las pasadas iniciativas -frustradas- de reforma migratoria integral son una muestra de que sin un amplio consenso, los esfuerzos quedarán truncos nuevamente.
Después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, ha sido muy difícil colocar la agenda de la migración por encima de la seguridad. La legalización ha estado supeditada a un control férreo de la frontera que por su amplitud parece imposible de blindar. Para agravar las cosas, tanto demócratas como republicanos han usado a los indocumentados como chivos expiatorios para explicar problemas como el desempleo.
Ahora, con Barack Obama en la presidencia de Estados Unidos, se abre una nueva oportunidad de reforma. La ley xenófoba de Arizona, que permite la detención de personas con base en su perfil racial, detonó un debate que se había perdido desde que George Bush intentara sin éxito una reforma migratoria integral en los últimos meses de su gobierno.
Como consecuencia de ese debate surgió una coalición sin precedentes de más de 100 congresistas demócratas, alcaldes, líderes de negocios y magnates -como Rupert Murdoch, dueño de la conservadora cadena Fox- cuyo objetivo será revivir un viraje legislativo que ""saque del limbo"" a los indocumentados y evite la orfandad de casi 5 millones de niños nacidos en Estados Unidos con padres ""sin papeles"".
Saben que no es viable expulsar a 12 millones de personas que además son necesarias para la economía. Saben que está demostrado que la presencia de migrantes no aumenta la delincuencia ni erosiona el gasto social. Pese a lo anterior, saben también que aún es difícil para un político en aquel país respaldar la legalización de los indocumentados. Muchos estadounidenses se sienten amenazados por la presencia de individuos diferentes en raza, cultura, religión y costumbres.
La única manera de forzar un cambio es con una amplia coalición por encima de pugnas partidistas que ataje el discurso antiinmigrante y convenza a los estadounidenses de la conveniencia de una reforma integral.
Y en medio de este movimiento, ¿qué puede hacer México por sus compatriotas cuando está involucrada la política interna de un país extranjero?
La cancillería mexicana tendría que estar alerta. Si en algo puede ayudar México a esta causa cohesionadora es con una voz responsable y mesurada, con una imagen de solidario acompañante de esta iniciativa y no de solitario cruzado antiimperialista. (El Universal)
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